viernes, 8 de mayo de 2009

Mi primera detención policial

MI PRIMERA DETENCIÓN POLICIAL

Esta historieta, totalmente verídica y autobiográfica, me volvió a la memoria a raíz de los ataques del ejército israelí a Gaza, después de que los habitantes palestinos de esa región eligieran por votación a una organización terrorista para que dirigiera sus destinos y ésta, se dedicara a enviar cohetes explosivos a Israel un día si y otro también, y que la prensa internacional organizara un gran alboroto diciendo que la reacción de Israel era "desproporcionada"…

Se me ocurrió un símil, que puede ocurrirle a cualquiera que esté tomando el sol tranquilamente en una playa y un grupo de gamberros se dediquen a jugar al balón en la misma playa, sin preocuparse ni poco ni mucho de los otros ocupantes de la misma. Supongamos que a ese bañista que se está tostando al sol, le da el balón en la cabeza y se levanta sorprendido y reconviene a los jugadores para que tengan más cuidado, pero estos, lo toman a cachondeo y hacen que el balón vaya una y otra vez en la misma dirección, para que "coincidencialmente" caiga en la cara del sesteante. Si cuando éste, después de haberles rogado varias veces que le dejen en paz, se levanta y le pega una patada en los cojones a uno de los jugadores, ¿Ha sido "desproporcionada" su reacción?.

Esa sería más o menos mi historia, cuando fui detenido por la policía por primera vez, por homicidio frustrado, a la edad de siete años… Pero quizá, otra habría sido la historia, si hubieran sido otros mis ancestros, por lo que puede que esto merezca que antes se expliquen algunos

 

ANTECEDENTES

MI ABUELO MATERNO era panadero, anarquista, sindicalista y revolucionario, como era lo normal en cualquier obrero de finales del siglo XIX y principios del XX. Siempre estaba en cualquier huelga o asonada contra el gobierno monárquico e incapaz de aquella época de España y detenido muchas veces, junto con otros revoltosos, que generalmente, eran concentrados en un estadio de fútbol o plaza de toros, hasta que pasaba la revuelta.

Había construido una casa, con sus propias manos, con la ayuda de un maestro de obras y algunos amigos, como era costumbre en aquellos tiempos, en la Ventilla, a extramuros del norte de Madrid, y esta casa, tendría luego mucho que ver con mi infancia y adolescencia.

En alguna de las ocasiones en que estaba detenido, en un ambiente de gran desorden de España, había puesto el ejército unas barricadas o trincheras en la glorieta de Cuatro Caminos, con soldados atrincherados e incluso con ametralladoras emplazadas, para contener a los revoltosos del norte, hacia el centro de Madrid y dos hermanas de mi abuelo, quisieron ir a ver a su hermano que, junto con muchos otros revoltosos estaba en algún lugar de concentración, así que bajaron por la calle de Bravo Murillo hacia el centro y se encontraron con la barrera militar, hacia la que caminaron resueltamente. Los pobres soldados apostados allí, les gritaban que se detuvieran, sin atreverse a dispararles ni mucho menos, ante dos mujeres solas que parecían sordas y tercas como mulas. A pesar de los gritos de advertencia, las dos hermanas, llegaron hasta los sacos terreros de la barricada y los soldados se levantaron de su posición de tiro para intentar contenerlas a mano, pero las dos mujeres se enzarzaron en una lucha cuerpo a cuerpo con los soldados, usando sus uñas y puños como fieras, con lo que los pobres y sorprendidos soldados quedaron arañados, sangrantes y con los uniformes desgarrados y sin botones, hasta que pudieron reducirlas y, como es natural, detenerlas y llevarlas al lugar de concentración… Donde pudieron ver a su hermano, tal como ellas querían desde el principio…

MI MADRE, MARÍA, hija de este abuelo, se crió en la Ventilla, que en aquellos tiempos era un barrio anárquico, sin calles trazadas ni ningún tipo de urbanización, ni pavimento, ni trazado urbano ni ningún otro servicio, como agua corriente que, había que ir a recoger en cubos a una fuente pública.

María, se crió como la mayoría de los chicos de barrios marginales, jugando entre ellos a policías y ladrones, subiéndose a los árboles, saltando a la comba, etc., y peleando todos contra todos. En el colegio de monjas del barrio al que asistía, antes de entrar, hacía un montoncito de piedras frente a la puerta, para tenerlas listas y dirimir las controversias que se hubieran producido en clase o en el recreo, con las compañeras, a pedrada limpia.

Algún día, estando en clase, una monja le llamó la atención por algo, en forma que María consideró inadecuada, con lo que sin pensarlo dos veces, sacó el tintero de porcelana que todos los pupitres tenían inserto en la madera y se lo lanzó a la monja a la cara, poniéndola perdida de tinta, la cara, el hábito y la toca que llevaban en aquellos tiempos, que parecía el ala de un avión… Supongo que la expulsaron del colegio definitivamente.

En otra ocasión, llegó un vecino llevando de la mano a un niño con un  ojo morado y la nariz ensangrentada y le reclamó al abuelo Jesús, por lo que su hija le había hecho al hijo del reclamante, a lo que el padre de la agresora le espetó; - Si yo tengo un hijo, y viene a decirme que una chica le ha pegado… ¡Lo mato!, con lo que se acabó la discusión, y el padre de la víctima no tuvo más remedio que dar media vuelta e irse a consolar a su hijo agredido.

FAMILIA PATERNA

Toda mi familia paterna es oriunda de Mieres en la Cuenca Minera asturiana, pero mis referencias de los abuelos son prácticamente nulas, ya que mi abuelo paterno murió cuando su hijo Florentino (mi padre), tenía catorce años, por lo que él tuvo que ponerse a trabajar en la mina, donde le admitieron falseando la edad, para que pudiera ayudar a subsistir a la familia, compuesta de la madre, otro hermano menor que él (que luego moriría en la guerra, defendiendo Asturias de los moros de Franco), y dos hermanas.

Mi padre Florentino, (Tino para los amigos), se aficionó al fútbol y llegó a jugar en la selección nacional, en ligas menores. Se crió fuerte como exigía el duro trabajo de la mina y la agreste orografía asturiana, donde, un poco como en Esparta, los débiles no tenían mucha esperanza de vida.

Los asturianos, por tradición y por convicción, son revolucionarios, rebeldes y un tanto brutos, ya que suelen tener la dinamita casi como un artículo de juego para niños y, se vio trágicamente en el juicio del 11 de marzo, sobre los atentados de los trenes de Madrid, que hasta hoy en día, se puede encontrar dinamita tirada por ciertos parajes cercanos a las canteras o las minas.

En cierto momento, Tino resolvió que en la mina no había mucho futuro y se puso de acuerdo con un amigo para huir a Francia, como un inmigrante ilegal, que se dice ahora, ya que les habían dicho que en Irún había un puente internacional donde la gente pasaba todo el día de un lado para otro sin más trámite, así que cogieron un tren y aparecieron en Irún, acercándose al puente internacional, para estudiar el terreno, pero algún policía que les vio y con su experiencia adivinó sus intenciones, les llamó y les dijo amigablemente que ya los había visto y que desistieran de su propósito, porque iba a estar atento a cualquier otro momento en que les viera por allí. Así que, con sus planes frustrados y no queriendo volver derrotados a su pueblo, resolvieron viajar a Madrid, en busca de mejores oportunidades.

Tino, como minero, encontró trabajo en la construcción de un edificio que estaban haciendo en la Gran vía y que necesitaban hacer barrenos con una barra de hierro en la roca, para volarla y hacer los cimientos. Posteriormente, se pudo emplear como cargador en una empresa de mudanzas, "Federico del Rieu y González", a la que dedicó el resto de su vida en España y donde fue ascendiendo hasta llegar a ser su Encargado General y manejar toda la empresa.

Era viudo y con dos hijos: Sabina y Cándido, cuando conoció a María, que luego contaba que se enamoró de él, porque con sus largas patillas y sombrero de ala ancha, se parecía a Carlos Gardel… (Yo, dediqué tiempo a comparar fotos de ambos en aquella época y creo que no se parecían ni en el blanco de los ojos… pero las mujeres son así).

Con todas estas idas y venidas, estamos en el 18 de julio de 1933, día en que nací yo. Por cierto que, esa fecha debía tener algún detalle importante, porque fue el día de la Fiesta Nacional de España, durante 40 años… Aunque, me parece que no era precisamente por conmemorar mi nacimiento…

Cuando en otro 18 de julio, tres años después, un grupo de generales españoles, entre los que Franco era uno más, y no el más importante, como dicen algunos papanatas, quisieron dar un golpe de Estado que, suponían iba a durar 24 horas, pero fue la chispa que prendió la tenebrosa Guerra Civil Española, Tino, que por supuesto, era comunista militante, como correspondía a un minero que cumplía 17 años cuando se produjo la Revolución Soviética, sin previo aviso ni a su empresa ni a su familia, se fue a la sierra de Madrid, porque en la calle, encontró un camión lleno de hombres que querían ir a defender Madrid de las tropas "nacionales", pero ninguno sabía conducir el camión, así que se subió a la cabina y arrancó con todos ellos hacia la Sierra, sin más. Allí y dada su experiencia en dirección de empresas de transporte, le asignaron como jefe de un parque de transporte militar, y estuvo con diversos avatares y aventuras, durante toda la guerra, con esporádicas visitas a Madrid, donde no traía dinero ni alimentos a la casa, porque decía que él estaba luchando por la República y no por dinero. Pero todo esto, es otra historia y da para otro relato que quizá hagamos otro día…

Cuando al fin terminó la guerra y ya se vio que no había futuro en un frente lleno de traiciones, pasándose al enemigo batallones enteros y hasta luchas a tiros entre supuestos componentes del mismo ejército, Tino regresó a Madrid y se incorporó a su trabajo, donde lo recibieron con los brazos abiertos, ya que, los camiones de mudanzas habían sido requisados y convertidos en ambulancias y la empresa estaba prácticamente en ruina y había que reconstruirla. Algunos camiones se recuperaron, y yo los conocí con su cruz roja pintada debajo de la pintura que les pusieron después con los colores de la empresa.

Una vez reincorporado a su trabajo, estaba un día dirigiendo una mudanza en una calle de Madrid, cuando se paró un coche, bajaron unos individuos preguntando por él y cuando se identificó, lo subieron al coche y… otra vez desapareció para la familia, hasta que se le pudo localizar en una cárcel, donde lo llevaron de un lado para otro, de una cárcel a otra, durante año y medio.

Yo, tengo claros en mi memoria los recuerdos de haber visto a mi padre, junto con otros muchos hombres, agarrados a una malla metálica, como las de los gallineros, y estar nosotros agarrados a otra malla igual, pero separada como un metro y medio de la de él, mientras por ese pasillo intermedio caminaban hombres que se suponía funcionarios de prisiones, pero que en realidad eran asesinos que, pistola al cinto, presumían de ser del bando ganador de la guerra. Todos los presos gritando, intentando hacer oír su voz de sus familiares y éstos haciendo lo mismo en un pandemonium inenarrable.

En estas supuestas cárceles, que en realidad en su origen eran colegios o conventos, transformados en unos centros que, ante ellos, Guantánamo parece un hotel de cinco estrellas, los presos tenían que dormir en el suelo, colocados como sardinas en lata, cubriendo absolutamente todo centímetro disponible, sin ningún tipo de servicios higiénicos y si era el caso, orinando en el plato de aluminio en que al otro día comerían.

Todas las noches a determinada hora, llegaba "la saca". Un grupo de matones chulescos que, con burlas y zafias bromas, iban recitando nombres y haciendo salir a los nombrados que, al principio no sabían de qué se trataba y alguno preguntó si debía sacar su chaqueta, a lo que le respondieron: - No, a donde vas, no necesitas chaqueta… Efectivamente, estos hombres eran llevados en camiones a cualquier sitio a las afueras, generalmente los cementerios o cualquier otro lugar alejado y asesinados vilmente, después de jugar con ellos, aplicándoles a la cabeza pistolas que luego se disparaban sin bala, para que sintieran el percutor golpear, con las risotadas de los asistentes, hasta que se cansaban del juego y los iban matando de cualquier manera.

Según me contaba mi padre, los militares profesionales españoles, se reunieron y resolvieron que ellos no habían hecho una guerra de tres años, para que España se volviera una especie de banda de piratas, así que, organizaron una operación militar en regla y una noche se tomaron todas las cárceles, expulsando a los asesinos facinerosos que campaban en ellas a sus anchas. Una vez posesionados de las cárceles, empezaron a organizarlas en plan militar, y lo primero era ver quienes estaban allí y cuales eran sus expedientes y acusaciones.

Cuando revisaron los presos que quedaban con mi padre, se encontraron con que él les sobraba, ya que, efectivamente estaba allí, pero no había ningún proceso, acusación o documento que explicara su presencia, así que le llamaron y le preguntaron: - Ud. ¿Por qué está aquí?, a lo que, naturalmente él les contestó: - Yo no sé… y les contó como había sido su detención, con lo que le dijeron que se fuera a su casa, pero tenía que presentarse semanalmente en la Comisaría de Policía más cercana a su domicilio.

Antes de la guerra, mi padre había conseguido alquilar una casa amplia y luminosa en la calle Bravo Murillo 202, en un quinto piso, donde había suficientes habitaciones como para que sobrara una dedicada a biblioteca, de donde quizá conservo los momentos más felices de mi infancia, y donde cayó una bomba en todo el centro de la casa, que bajó rauda por el hueco de la escalera hasta empotrarse en el bajo, exactamente encima de donde estábamos refugiados todos, en el sótano de la carnecería de carne de caballo y yo, plácidamente dormido sobre la mesa de mármol en que descuartizaban a los equinos para su venta. La bomba quedó sin explotar… pero esto, también es otra historia…

Terminada la guerra, apareció un día un gerifalte de la Falange, diciendo que teníamos que desalojar la casa, por que la necesitaban para ellos, así que tuvimos que irnos provisionalmente a la casa que mi abuelo había construido en La Ventilla. Mi abuela materna, se había casado al enviudar, con un hombre que se dedicaba a la busca, (la recogida de basuras en Madrid), así que tenía otra casa con mucho terreno alrededor y animales; cerdos, ovejas, conejos, y un huerto.

Mientras mi padre estaba en la cárcel, mi madre tuvo que ponerse a trabajar para conseguir alimento para la familia, por lo que tenía que dejarnos solos a mi hermana pequeña y a mi, y en su simpleza mental, sólo se le ocurrió decirnos que, si armábamos algún tipo de problemas, con los otros chicos o con los vecinos, matarían a mi padre, cosa que, hasta los niños sabíamos que estaba ocurriendo todos los días. Que a la hora de comer, fuéramos a casa de la abuela, que distaba unas tres o cuatro manzanas de la nuestra.

Algún día, en el trayecto entre las dos casas, pasamos cerca de un grupo de chicos que, por causas desconocidas para mí, empezaron a decirnos cosas ofensivas e incluso a tirarnos piedrecitas. Nuestra reacción, como es natural, fue agachar la cabeza y pasar rápidamente sin hacer ningún caso a sus provocaciones. Pero esta actitud se fue repitiendo e incrementando día a día, sin que por nuestra parte hubiera ninguna reacción, lo que a los chicos les debió parecer la mar de divertido…

En estas circunstancias, una noche a las tres de la mañana, mi padre apareció en nuestra casa, con gran alboroto y animación de toda la familia y vecinos, ya que, desde que los militares le dijeron que saliera de la cárcel, hasta que llegó a la Ventilla, sin un céntimo en el bolsillo y con los transportes de aquella época, sólo le quedó la solución de echar camino a pie, durante los varios kilómetros que separaban la cárcel, de la Ventilla, en las afueras de Madrid.

Al día siguiente, mi padre se dirigió a su empresa, donde volvieron a recibirlo inmediatamente y mi madre acudió a su trabajo, para dar un tiempo a que la reemplazaran, por lo que nosotros, volvimos a nuestra rutina de ir a comer a casa de la abuela, encontrándonos con el panorama de siempre…

Pero ese día, en la mente de ese niño de siete años se formó un pequeño razonamiento: Si mi padre estaba en la cárcel y yo formaba problemas, podían matarlo… ¡Pero, ya no está en la cárcel!... ¡A por ellos!.

Los pobres chicos que tanto se divertían con ver pasar todos los días a los tontos, nunca habían llegado a pensar que pudiera cambiar su actitud de forma tan brusca y tan violenta, así que probablemente se quedaron pasmados, inmóviles, viendo venir esa tromba en que se había convertido, sin explicación aparente, el muchachito sumiso y silencioso que pasaba siempre con la cabeza gacha. Por lo que, los primeros golpes les llegaron sin saber cómo ni de dónde, pero los más ágiles o que antes reaccionaron, pusieron tierra de por medio, quizá con un solo ojo morado o una nariz rota, y el más lento de pensamiento o de piernas, quedó a merced de una verdadera fiera salvaje que, cuando empezaron a aparecer personas y consiguieron soltarlo del agresor, lo llevaron al Ayuntamiento del barrio, donde estaba la Casa de Socorro, que es como en aquella época se llamaba a las urgencias, y de una vez, al agresor a la Comisaría de Policía, donde quedó detenido, hasta producir el atestado correspondiente y que apareciera la familia, a quien se les entregó en custodia, con serias advertencias de que lo vigilaran estrechamente, hasta que se celebrara el juicio correspondiente que, en esas fechas, era una comparecencia ante el mismo Comisario de Policía, que hacía las veces de lo que en otros lugares se llama el Juez de Paz.

Mientras, los médicos que atendían a la víctima, tumbada en una camilla, sangrando por todo el cuerpo, con cortaduras superficiales producidas por las uñas, moratones por todo el cuerpo, la ropa desgarrada y hecha jirones, los ojos hinchados y la nariz sangrando, preguntaron a los testigos que cual era la causa de ese estropicio y les dijeron que era una pelea entre chicos, a lo que exclamaron: - No puede ser. Esto no puede haberlo hecho un chico pequeño. Si nos dicen que a este niño le atropelló un camión, nos parece más lógico…

 

CONCLUSIÓN

Y ahora, volvemos al principio: ¿Fue "desproporcionada" esa reacción del niño de siete años, humillado, insultado y agredido un día, y al siguiente, y al siguiente?

Dejamos a cada lector que saque las conclusiones que mejor le acomoden. Esto son simplemente hechos, y por tanto, irreversibles…

 

EPÍLOGO

Ese niño creció, estudió en magníficas escuelas como, La Escuela de Orientación Profesional Santa Cristina, o la Escuela Nacional de Artes Gráficas, que había en esos tiempos, no por Franco, sino a pesar de Franco, donde a los profesores aún no les habían matado su vocación, con "reformas educativas progresistas", pero cuando quiso ingresar en la Escuela Oficial de Periodismo, férreamente controlada por el Régimen, ya que de ahí salían los formadores de opinión, fue rechazada su solicitud, "Por ser hijo de rojo", así que, gracias a sus amistades de diversos países, alguno de sus amigos le propuso viajar a Colombia para trabajar en el periódico liberal El Correo de Medellín, por lo que inmediatamente lió sus bártulos y viajó en el magnífico trasatlántico inglés Reina del Mar hasta Cartagena de Indias… pero esto, también es otra historia…

Haremos sólo un pequeño apunte: En aquellas fechas, Colombia era un país maravilloso, luminoso, alegre y pacífico, sin terroristas que se hicieran llamar guerrilleros ni narcotráfico, con unas elecciones festivas, como para deslumbrar a cualquiera, así que, después de casarse con Maria Inés, antioqueña, administrativa de la Universidad de Antioquia, se organizó todo lo necesario para llevar a los padres del protagonista de esta historia a Colombia, donde Tino pudo darse el placer de presenciar elecciones y ver coches llevando banderas rojas de un lado para otro, sin tener que presentarse en la comisaría ni en ningún otro sitio, y poniendo la bandera de la República en el balcón, junto a la colombiana, en los días de fiesta, y donde después de unos años, falleció y fue enterrado con su bandera de la República, cubriéndole la cara.

En el gobierno "socialista" de Felipe González, se mandaron cartas, firmadas por el Presidente, a todos los españoles de la diáspora, diciendo que el Gobierno quería que todos volvieran a casa, así que, el que suscribe, que no había vuelto nunca a España y que estaba tan a gusto, pensando en que quizá volviera algún día como turista, se planteó volver definitivamente, ya que en España se había acabado el franquismo y había un gobierno "de los nuestros"…

Al llegar, se encontró un panorama que, fue descubriendo poco a poco, con una corrupción generalizada y hasta ensalzada por el Gobierno, con chanchullos millonarios con los Fondos Reservados, con el edificio de la Cruz Roja, con el papel que se compraba para el Boletín Oficial del Estado, con que el director de la Guardia Civil se había robado los fondos de los huérfanos del Cuerpo, con que el Estado secuestraba personas supuestamente de ETA y las mataba y las enterraba en cal, para luego descubrir que se habían equivocado y un largo etc. Por lo que no tuvo más remedio que pensar que semejantes individuos no eran socialistas, sino que se habían puesto esa etiqueta para engañar a incautos, así que desde ese momento se propuso no votarles y… Ahora, resulta que, con los antecedentes que hemos relatado, algunos amigos, tildan al suscrito de ser "de derechas", por el simple detalle de que no traga entero, ni comulga con ruedas de molino, se pongan las etiquetas que se pongan quienes quieran, y que sigue aplicando el principio de Ortega y Gasset: No hay que tener ideales. Hay que tener ideas…O el otro principio cristiano: "Por sus obras los conoceréis".

Como último apunte, habrá que decir que, su carrera como delincuente se frustró desde esa primera vez, ya que, por diversas circunstancias ha visitado muchas cárceles en Colombia y en España, (Con una puntuación muy superior del trato a los internos, de las cárceles colombianas sobre las españolas), pero siempre como periodista, visitante de algún amigo, o como abogado. Título que consiguió en Colombia, en una de las universidades más exclusivas y caras del país, pagándose los estudios de su bolsillo, y ya casado y con dos hijos…

Es interesante que al entrar en una cárcel como visitante, le pongan a uno un sello en el antebrazo, como veía de niño que llevaban las piezas de carne de vacuno, que descargaban para la carnecería… A uno le entra una cierta sensación de res… pero esto, también es otra historia…

continuará…

Enrique Gutiérrez y Simón

Madrid, primavera de 2009

 

jueves, 7 de mayo de 2009

Cómo buscarse la ruina

Un artículo de Arturo Pérez Reverte, donde nos advierte de los peligros que corremos en España, si se nos ocurre defendernos de alguna manera de un posible ladrón o ladrones que entren en nuestra casa... ¡Ojo con tocarlos o agredirles de alguna forma!... ¡Ellos tiene derechos!... ¿Y nosotros?...

 

Cómo buscarse la ruina

 

Patente de Corso. Por Arturo Pérez-Reverte - www.xlsemanal.com/perezreverte - 3 de mayo de  2009

Imaginen que me abalanzo heroico sobre el malvado, desarmándolo, y forcejeamos. Y pum. Le pego un tiro

 

Me despierta un ruido y miro el reloj de la mesilla de noche. Ha sona­do en la planta de abajo. Así que cojo la linterna y el cuchillo K-Bar de marine americano —recuerdo de Disneylandia— y bajo las escaleras intentando ir tranquilo y echar cuentas. Cuántos son, altos o bajos, nacionales o de importación, armados o no. Si estu­viera en un país normal, este agobio sería relativo. Bajaría con una escopeta de caza, y una vez abajo haría pumba, pumba, sin decir buenas noches. Albanokosovares al cielo. O lo que sean. Pero estoy en la sie­rra de Madrid, España. Tampoco me gusta la caza ni tengo escopeta. Sólo un Kalashnikov —otro recuerdo de Disneylandia— que ya no dispara, Por otra parte, una escopeta no iba a servirme de nada. Estoy en la España líder de Occidente, repito. Aquí el procedimiento varía. Mientras bajo por la escalera —de mi casa, insis­to— con el cuchillo en la mano, lo que voy es haciendo cálculos. Pensando, si se Ha la pajarraca, si no me ponen mirando a Tria-na y si tengo suerte de esparramar a algún malo, en lo que voy a contar luego a la Guardia Civil y al juez. Que tiene huevos. Lo primero, a ver cómo averiguo cuán­tos son. Porque si encuentro a un caco solo y tengo la fortuna de arrimarme y tirarle un viaje, antes debo establecer los parámetros. Imaginen que descubro a uno robándome las películas de John Wayne, le doy una mojada a oscuras, y resulta que el fulano está solo y no lleva armas, o lleva un destornillador, mientras que yo se la endino con una hoja de palmo y pico. Ruina total. La violencia debe ser propor­cionada, ojo. Y para que lo sea, antes he de asegurarme de lo que lleva el pavo. Y de sus intenciones. No es lo mismo que un bulto oscuro que se cuela en tu casa de

madrugada tenga el propósito de robar­te Río Bravo que violar a tu mujer, a tu madre, a tus niñas y a la chacha. Todo eso hay que establecerlo antes con el diálogo adecuado. ¿A qué viene usted exactamen­te, buen hombre? ¿Cuáles son sus inten­ciones? ¿De dónde es? ¿A qué dedica el tiempo libre?... Y si el otro no domina el español, recurriendo a un medio alterna­tivo. No añadamos, por Dios, el agravante de xenofobia a la prepotencia.

Pero la cosa no acaba ahí. Incluso si establezco con luz y taquígrafos los móviles exactos y el armamento del malo, un juez —eso depende del que me toque— puede decidir que encontrárte­lo de noche en casa, incluso armado de igual a igual, no es motivo suficiente para el acto fascista de pegarle una puñalada. Además hay que demostrar que se enfrentó a ti, que ésa es otra. Y no digo ya si en vez de darle un pinchazo, en el calor de la refriega le pegas tres o cuatro. Ahí vas listo. Ensañamiento y alevosía, por lo menos. En cualquier caso, violencia innecesaria; como en el episodio recien­te de ese secuestrado con su mujer que, para librarse de sus captores, les quitó el cuchillo y le endino seis puñaladas a uno de ellos. Estaría cabreadillo, supongo, o el otro no se dejaba. Pues nada. Diez años de prisión, reducidos a cinco por el Tribunal Supremo. Lo normal. Por chulo.

Imaginemos sin embargo que, en vez de cuchillo, lo que esta noche lleva el malo es una pistola de verdad. Y que en un alarde de perspicacia y de potra increíble lo advierto en la oscuridad, me abalanzo heroico sobre el malvado, desarmándolo, '\ y forcejeamos. Y pum. Le pego un tiro.    } Ruina absoluta, oigan. Sale más barato dejar que él me lo pegue a mí, porque «hasta pueden demandarme los familiares del difunto. Otra cosa sería que el malo estuviese acompañado. En tal caso, nuestra legislación es comprensiva. Sólo tengo que abalanzarme vigorosamente sobre él, arrebatarle el fusco, calcular con astuta visión de conjunto cuántos malos hay en la casa, qué armamento llevan y cuáles son las intenciones de cada uno, y dispararle, no al que lleve barra de hierro, navaja empalmada, bate de béisbol o pis­tola simulada —ojito con esto último, hay que acercarse y comprobarlo antes—, sino a aquel que cargue de pistolón o subfusií para arriba. Todo eso, asegurándome bien, pese a la oscuridad y el previsible baru­llo, de que en ese momento el fulano no se está dando ya a la fuga; porque en tal caso la cagaste, Burlancaster. En cuanto al del bate de béisbol, el procedimiento es simple: dejo la pistola, voy en busca de otro bate, bastón o paraguas de similares dimensiones y le hago frente, mientras afeo su conducta y le pregunto si sólo pretende llevarse las joyas de la familia o si sus intenciones incluyen, además, rom­perme el ojete. Luego hago lo mismo con el de la navaja. Y así sucesivamente.

El caso es que, cuando llego al final de la escalera, comiéndome el tarro y más pendiente de las explicaciones que daré mañana, si salgo de ésta, que de lo que pueda encontrar abajo, compruebo que se ha ido dos o tres veces la luz, y que el ruido era del deuvedé y de la tele al encenderse. Y pienso que por esta vez me he salvado. De ir a la cárcel, quiero decir. Traía más cuenta dejar que me robaran. •

 

 


 

 

La España de ZP

 

 

Por su interés y actualidad, que es extensiva a muchos lugares del mundo, copio la Tercera que José María Carrascal, publicó el martes pasado...

 

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La España de ZP

 

JOSÉ MARÍA CARRASCAL - Martes, 05-05-09 - ABC.es - Opinión - La Tercera

 

Recuerdo como si fuera hoy la primera entrevista que hice a Juan Linz, pese a haber pasado treinta años, tal fue la impresión de sabiduría y mesura que me produjo. Enseñaba entonces en la Universidad de Columbia, aunque no perdía de vista lo que ocurría en España, y me contaba los resultados del que había sido uno de sus primeros trabajos sobre el terreno, única manera de que la Sociología merezca el calificativo de ciencia, todo lo demás son elucubraciones. «Cuando llegaba a un pueblo con plazas preciosas, fuentes adornadas, aceras impecables, y me ponía a indagar los medios de vida de sus vecinos -me decía-, me daba cuenta de que vivían con la soga al cuello. Mientras que en los pueblos ruidosos, sucios, con las calles y aceras destrozadas por el paso de vehículos, la gente vivía mucho mejor. Y es que en los primeros toda la inversión era de los ayuntamientos y las diputaciones, sin crearse auténtica riqueza, mientras que en los segundos los vecinos eran quienes la creaban. La conclusión era fácil: los ayuntamientos crean una riqueza tan falsa como el aspecto de sus pueblos, al dedicar sus recursos a bienes suntuarios, sin valor añadido, en vez de generar productos que a su vez generan otros, como son los que crean sus vecinos.»

Me ha venido a la memoria aquella constatación de Linz, que como profesor emérito sigue en Yale dando lecciones magistrales de sociología y de política, ante las medidas que está tomando el nuevo Gobierno español frente a la crisis, encauzadas precisamente a través de las instituciones que menos riqueza crean y más recursos despilfarran, los ayuntamientos y las autonomías, auténticas máquinas de gastar sin producir, de devorar dinero sin generar medios. Lo ve cualquiera con dos ojos en la cara. El despilfarro de nuestros ayuntamientos en fiestas, concursos, comidas, viajes y dietas sería motivo de escándalo en cualquier país con sensibilidad democrática y cualquier sociedad consciente de que el dinero público es del contribuyente que lo paga, no del Gobierno que lo gasta. Por Nueva York están pasando constantemente personajillos de este tipo, que vienen, según ellos, a «vender» su localidad, sin que nadie les haga caso, excepto los periodistas y cámaras que traen consigo, pues a quienes realmente venden su viaje es a sus vecinos, viniendo ellos a hacer turismo, acompañados de la flor y nata de su localidad y partido.

El caso se repite en las autonomías, corregido y ampliado por su extensión y obligado por el régimen que nos hemos dado, que propicia, más que la descentralización, la multiplicación del centralismo a nivel regional. Aparte del gobierno, parlamento, tribunal superior de justicia y otras instituciones que nuestro ordenamiento constitucional concede a esas comunidades, no hay comunidad autónoma que no tenga su corte de asesores gubernamentales bien pagados, su parque automovilístico digno de un emirato del Golfo Pérsico, sus televisiones propias para gloria del mandamás de turno y su enjambre de paniaguados, que han disparado sus gastos a la estratosfera. A lo que seguirán «embajadas» en las principales capitales extranjeras, como ya está haciendo Cataluña. ¡Esto sí que es disparar con pólvora del Rey! Pues en una democracia el verdadero rey es la ciudadanía, con permiso, que estoy seguro me concederá, de Don Juan Carlos.

Estos son los canales -más dinero a los ayuntamientos, nueva financiación autonómica- por los que el nuevo Gobierno Zapatero quiere vadear la crisis. Justo los menos indicados para iniciar la recuperación, los menos productivos y los más derrochadores, cuando debería mirarse que cada euro que se gasta fuese allí donde genera más riqueza, es decir hacia una economía productiva. ¿Y cuál es la economía productiva? Pues la que arranca de la iniciativa personal, del esfuerzo individual, de la formación general y de las estructuras competitivas. Algo a lo que no prestó la menor atención ni dedicó un euro el primer Gobierno Zapatero y, a tenor de las medidas que está tomando, tampoco se la presta el último, más atento a las próximas elecciones europeas que a la crisis que tenemos encima. Se ha enterado por la radio y los periódicos de que el 80 por ciento de los puestos de trabajo la pequeña empresa, a la que hasta ahora no ha prestado la menor atención. Los cursos de capacitación los ha dejado en manos de los sindicatos, que es como dejar a la cabra al cuidado del huerto, pues nuestros sindicatos son cadenas de transmisión de la «política de izquierdas», para apaciguar a los trabajadores que ya tienen empleo, a cambio de pingües beneficios para sus dirigentes. La educación puede decirse que no ha existido para este Gobierno, que más bien se ha dedicado a aligerar los planes de estudio para que los alumnos tengan más fácil obtener un título, parecido al que ahora quiere dar a las amas de casa. Así hemos logrado crear la generación peor preparada comparativamente de la reciente historia de España. Cuando la educación es tanto o más básica para el desarrollo de un país que las riquezas naturales, la productividad, las exportaciones o las inversiones, pues todo ello depende del capital humano de que se disponga. Pero el capital humano de que dispone hoy España está a la cola de los países desarrollados y de algunos subdesarrollados. ¿Sabían ustedes que los niños indios conocen la tabla de multiplicar del 0 al 20, es decir que si se les pregunta cuánto es 12 por 17 responden automáticamente? Sospecho que los niños españoles tienen problemas en decir cuánto es 2 por 7. Los que realmente valen se van fuera, ante las pocas perspectivas que encuentran dentro, y los que se quedan piensan en cosas más placenteras que en esforzarse y labrarse un porvenir. El otro día, en el informativo de Televisión Española, se entrevistaba a un chico que podía ser el reflejo de la miseria educativa y humana en que ha devenido el país bajo el presente Gobierno. Tenía 21 años y no había llegado a terminar la enseñanza obligatoria, pues prefirió irse a la construcción, como peón naturalmente, pues no tenía capacidad para otra cosa. Con el desplome del mercado inmobiliario, se encuentra en el paro, sin apenas posibilidad de encontrar trabajo en otros ramos. Pero no era eso lo que parecía preocuparle, sino el no poder seguir con el plan de vida que llevaba. «La cosa está realmente mal -decía-, sin tener para tomarte unas cervezas o salir con los amigos.» Puede que durante los próximos meses su ayuntamiento le dé trabajo para que arregle el jardincito de la plaza mayor de su pueblo y pueda seguir tomándose todas las cervezas que quiera y salir con los amigos, que tarde o temprano estarán como él. Pues la crisis de la construcción, en último término, no es más que la crisis de la educación.

Esta es la España de José Luis Rodríguez Zapatero, una España que trata de copiar el modelo de Andalucía, donde la subvención llega a todos los rincones, y los niños, cuando les preguntan en qué trabaja su padre, responden: «En el paro». ¿Por qué se creen ustedes que se ha traído a Chaves de allí, le ha dado una vicepresidencia y le ha puesto al frente de la política territorial?

Sí, ésta es la España de ZP, el hombre que iba a cambiar el país. Y a fe que lo ha cambiado. Aparte de devolvernos a los Reinos de Taifas, ha vuelto a poner de moda el «¡Que inventen ellos!»

 

 

viernes, 1 de mayo de 2009

A pesar de la opinión de algunos colombianos, movidos por quién sabe por qué oscuros intereses, al Presidente Uribe se le considra aquí como un líder, que ha sacado a Colombia del agujero en que querían meterle, o todavía elgunos, quieren meterle en el "socialismo del siglor XXI", del gorila Chavez y de los "revolucionarios" de las FARC.

Ha sido la persona a quien se le ha concedido por primera vez, el Premio de las Cortes de Cádiz, las que promulgaron la Constitución de 1812, que nosotros llamamos "La Pepa", por haber sido promulgada el día de San José de aquél año, y que es la primera constitución española verdaderamente democrática, donde se consideraba al pueblo como el dueño de la soberanía, y no al Rey como designado por Dios...

Adjunto el artículo de Hermann Tertsch publicado ayer en la sección de opinión de ABC

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LlDERAZGO Y EMOCIÓN

 Hermann Tertch - ABC – Opinión- 30 de abril de 2009

PESE al título, queridos amigos, desengáñense. No vamos a hablar de Carla Bruni. Vamos a re­flexionar un poquito sobre la responsabilidad y el liderazgo, dos cosas que a muchos de ustedes ya les parezcan remotos conceptos históricos perfectamen­te arcaicos. Hubo gente en este país, en Espa­ña, que en regímenes muy diferentes creían y sentían su vocación por servir a una serie de gentes que no tenían con ellos nada más en co­mún que la pertenencia a una patria. Hubo mucha gente, aquí en España, que luchó, ma­tó y murió creyendo firmemente que lo hacía por mejorar España. En todas las trincheras. En todos los frentes. Este país ha tenido obvia­mente una sobredosis de patria y de historia. Y una inmensa caterva de personajes del tres al cuatro que no sólo pretendieron ser líderes. Que lasti­mosamente acabaron siéndolo. Con todo el respeto para sus familiares y descendientes. A sus calles y apellidos. Como comprenderán, yo prefiero una calle de­dicada a Merry Cordón, gran e ilustre general, que a la madre de Javier Bardem.

Para valorar el liderazgo, para valorar el servicio al bien común, para valorar la vocación de servicio, hay que tener ante todo un sentido que unifique dignidad personal con proyección histórica. Esto puede parecerles muy cursi a unos. Y muy borde a otros. Pero no hay otra-forma de conseguir la fuerza que requiere el ser huma­no para acudir a un estado de emergencia co­lectivo. Los estados de emergencia privados los resolvemos por el acuerdo o la violencia, por la fuerza de la concordia o la intimidación. La profundidad en la asunción de un liderazgo tiene muy diversas formas. Los ha habido de toda suerte y calidad. Muchos de ellos con consecuen­cias muy trágicas para las naciones lideradas.

Pero lo que es evidente es que aquellos que son petimetres, por muchas elecciones que ganen, seguirán siendo petimetres. Nadie accede al liderazgo, querido presidente Sarkozy, consorte de Bruni, por muchas elecciones que gane. Muchos pueden hundir a su país en catástrofes que eran imprevisibles y evitables y en pocos años pueden hacer daños que sufran generacio­nes. La vida es muy caprichosa. Y el determinismo his­tórico de la secta inflamada es siempre falso. Aunque engañe cien veces y sirva a gente sencillamente inve­rosímil como son tantos de los que hoy vemos en car­gos públicos. El liderazgo sea bueno o malo, nada tie­ne que ver con pataterismo o zapaterismo. El presi­dente de Colombia, Alvaro Uribe, dio una lección de li­derazgo el martes en el Hotel Ritz. Por supuesto no acudió nadie del Gobierno socialista de Zapatero para ver si aprendía algo. Si no se leen siquiera los papeles que nos afectan al mal o buen vivir de los españoles es absurdo pensar que ninguno de ellos acuda a un sitio donde puede mejorar, como persona y líder. Sarkozy es un líder. Ya se verá si para bien. Uribe ha demostra­do ser un líder que ha sacado a Colombia de una sima y la ha convertido en ejemplo para Iberoamérica. Por aquí, por lo demás, poco que contar al respecto.

 

lunes, 27 de abril de 2009

Sería maravilloso, poder decir que España está en la senda del progreso y que va a salir de la crisis actual, rápidamente, pero... Infortunadamente, todos los datos que tenemos son lo contrario...

Dos artículos aparecidos ayer, sin más comentarios..

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Gracias por votar

El mal gobierno

IGNACIO CAMACHO - ABC.es - Opinión (domingo 26 de abril de 2009)

 ESTE Gobierno no sabe gobernar. Es experto en trucos de prestidigitación política, tácticas de desviación, pirotecnia ideológica, pero carece de respuestas para los problemas reales mientras se da una maña especial para crear otros ficticios. Su gestión responde con precisión a una doctrina marxista, pero de Groucho: domina el arte de buscar dificultades, encontrarlas, formular un diagnóstico falso y aplicar remedios equivocados. Es un desastre sin paliativos, un fracaso absoluto frente a la crisis social más grave de la democracia.

España está a merced de la recesión, que la golpea con una violencia salvaje en su estructura productiva y laboral sin que el Gobierno haga otra cosa que agazaparse. Frente a una tormenta económica de proporciones catastróficas, Zapatero sólo tiene un paraguas averiado: el de los subsidios, que carga al déficit con una frivolidad irresponsable. A la velocidad que está creciendo el desempleo por falta de medidas que le hagan frente, el Estado puede quedar bien pronto comprometido en su propia capacidad financiera. Pero al presidente sólo le preocupan las consecuencias políticas de la crisis, el impacto que pueda tener en su respaldo electoral, y ha descartado cualquier decisión que comprometa a corto plazo esas expectativas de poder. Considera que el problema responde a factores externos que quedan fuera de su alcance y se ha empeñado en resistir a base de asistencias paliativas, temeroso del coste político de una agenda de reformas por la que claman todos los sectores sociales. Simplemente, ha dimitido de su responsabilidad esencial, que es la de hacer frente a la destructiva espiral de empobrecimiento del país. Rechaza pactos, consejos y manos tendidas. Y su único empeño consiste en repartir dinero a los virreinatos autonómicos para asegurarse costaleros parlamentarios que le ayuden a mantener el equilibrio de una precaria mayoría.

Estamos ante una emergencia nacional. La magnitud de las cifras del paro exige una determinación política firme y clara, un liderazgo capaz de echarse el país a la espalda para encabezar el combate contra una epidemia social. La situación es de tal gravedad que ya no importan tanto los aciertos como la voluntad de sobreponerse a las adversidades. La nación está al borde del colapso y necesita una inyección de audacia. Pero el Gobierno está catatónico, bloqueado, exánime. No tiene ideas ni fuerza ni coraje. Proclama un optimismo patético en medio de la calamidad, y busca en la propaganda el modo de diluir responsabilidades. Carece de credibilidad y se halla ensimismado en una burbuja de indolencia. Paralizado, inerte, desbordado como un náufrago sacudido por el oleaje, Zapatero no tiene ya más que dos salidas: olvidar sus recelos y convocar un pacto nacional para emprender reformas de consenso o admitir su fracaso y disolver la legislatura. Solo no puede con esto, y lo que es peor, no sabe.

 

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Fin de era

JOSÉ MARÍA CARRASCAL - ABC.es - Opinión (domingo 26 de abril de 2009)

QUE los socialistas españoles tomen como eslogan para las elecciones europeas las imágenes de la victoria de Obama indica hasta qué punto se han quedado sin ideas, sin aliento y sin vergüenza. Ellos, tan progres, tan imaginativos, tan antinorteamericanos, copiando a los yanquis, esperemos que pagando derechos de autor. Estamos ante el capítulo final de una era de improvisación, frivolidad y resentimiento, con olvido de la política de Estado y de la economía real. Todo ello se ha venido abajo ante el avance de una crisis que siguen sin reconocer, a tenor del «Hay margen fiscal. No puede no haberlo», de la nueva ministra de Hacienda. Esto es, que puede seguir gastándose indefinidamente. Doña Elena Salgado hablaba no como ingeniera, esto es, ateniéndose a los hechos, sino como política, negando puerilmente la realidad, como su jefe. «Los datos manifiestan ya una clara inflexión a partir del mes de abril», añadió. Cuando los datos muestran un deterioro galopante de la economía española. Y si se refería a la inyección prevista de dinero público a través de ayuntamientos y autonomías, peor, ya que en vez de ayudar a las ramas más dinámicas de nuestra economía, ayuda a las menos productivas. Puede que ralenticen el paro un mes o dos, pero volverá enseguida la destrucción de empleo. Como las transfusiones de sangre sólo alivian la leucemia si no van apoyadas por quimioterapia y trasplantes de médula, las medidas del Ejecutivo español ignoran los orígenes de nuestra crisis -la falta de productividad, la escasa flexibilidad, la baja calidad laboral, el despilfarro a todos los niveles- para orientar unos recursos públicos cada vez más escasos hacia las instituciones más derrochadoras del Estado: los ayuntamientos y las autonomías. Algo así como querer curar la drogadicción con metadona.

Pero está visto que la principal preocupación del Gobierno no es la crisis económica. Si le preocupara, se hubiera encarado con ella desde el principio, en vez de negarla, y hubiese aplicado las medidas que le indicaban los expertos, en vez de ignorarlos. Lo que le preocupa es la crisis política, la posibilidad de perder el poder. De ahí que cuanto hace esté orientado a evitarlo, con medidas electoralistas, clientelistas, de corto alcance y poca profundidad. Más que de ministra de Hacienda, doña Elena Salgado ejerce de ministra del Reparto de Dádivas, con Chaves como mensajero. Todo el mundo va a pasar por caja y nadie va a quedar descontento. Bueno, los parados. Pero también habrá «margen fiscal» para ellos. «No puede no haberlo» es la divisa irracional del nuevo gobierno. Basta ver la cara desencajada del presidente para comprobar lo desesperados que están. No es una huida hacia delante. Es una huida hacia el vacío, en el que siempre estuvo.

 

sábado, 11 de abril de 2009

Remodelación del "Gobierno"

Nuestro ex simio presidente, ha "remodelado" su gobierno, y aunque entre la pléyade de inútiles ignorantes que suelen componerlo, había algunos que trabajaban con cierto conocimiento y buena fe, como el anterior de Cultura, que arregló la manía que tienen todos de nombrar a sus amigos para los cargos más variados, e implantó que lo directores de los museos fueran nombrados entre profesionales y por concurso, por ejemplo, al presidente le estorbaba, porque probablemente no le entendía cuando hablaba, ya que su nivel cultural es "manifiestamente mejorable", así que, como él ha oído que los cómicos que hacen cine se llaman a sí mismos: "nosotros, los de la cultura", el presidente cree que la cultura es el cine, o sea que, eso de la pintura, la literatura, etc. debe ser cosa de "fachas", así que, ha despedido al ministros y ha nombrado a una señora que hace guiones de cine, y que se llama González Sinde, aunque Alfonso Ussía, con su coña de siempre, la llama "González Cine"...

 

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González-Cine

COSAS QUE PASAN

Creo que la señora ministra se ha metido en un lío. Está comprometida con los suyos a seguirles pagando las bazofias

El alborozo que exteriorizan los progres millonarios con su nombramiento autoriza la sospecha

Alfonso USSÍA - LA RAZÓN Viernes. 10 de abril de 2009

 

 


Haber sido un aceptable ministro de Cultura es mérito al alcance de pocos. César Antonio Molina puede presumir de ello. Su gran pecado, la causa de su cese, hay que buscarla en su escasa sintonía con el mundillo de los pegatineros millonarios, los chulos del pesebre, eso que llaman el Cine español. No soy internauta. Todavía me resisto a entregar mi vida a Internet, y por ello no puedo sentirme amenazado por el nombramiento de Ángeles González-Cine como nueva minis­tra de Cultura. De sentirme amena­zado lo haría como contribuyente de más del cuarenta por ciento de mis ingresos a las arcas del Estado. En España, los impuestos desnu­dan a los que trabajan, no a los que tienen. No se busca la justicia, sino la facilidad depredadora, y como presa fácil de la Agencia Tributaria tengo sobrado derecho a exponer mis desconfianzas.

La ministra González-Cine es la presidenta de esa «academia» que reúne a mucha gente decente y trabajadora y dominan los privile­giados de las subvenciones con di­nero público. La relación de progres «Visa Oro» en su toma de posesión es indicio preocupante. En el fondo, la ministra González-Cine, que es una notable guionista, sabe que Zapate­ro le ha encomendado la cartera de Cultura para agradar a sus pancarteros favoritos. Las cifras que presenta el llamado Cine español-español lo es, pero lo de Cine entra en la duda-, son escalofriantes. Sumando todos • los ingresos voluntarios en taquilla no se alcanza, ni de lejos, la totali­dad de los millones de euros que el Gobierno ha puesto en los bolsillos agradecidos de los subvencionados. El Cine no es una industria. Es un pozo sin fondo del dinero público. Y mucho me temo que la ministra González-Cine va a aumentar los regalos pesebristas a productores, directores y actores para que persis­tan en producir, dirigir e interpretar auténticas porquerías que a nadie interesan. Almenes, el alborozo que exteriorizan los progres millonarios con su nombramiento autoriza la sospecha.

Una sociedad que camina irremi­siblemente hacia los cuatro millones de parados -con el silencio cómplice y manso de la UGT y CCOO, puede perder la paciencia cuando advierta que millones de euros que cubrirían primeras necesidades entre los des­protegidos, van a parar a los bolsillos de unos pocos elegidos que, además, hacen las cosas mal. El Cine español es malo porque se producen pelícu­las malas, los guiones son malos y deleznablemente antiguos -siguen con la Guerra Civil y los maquis-, los directores son deficientes y los actores sobreactuantes, torpes y siempre los mismos. El público ya ha demostrado su hartura con su ci­vilizada huelga de taquilla. Pero esos dispendios no molestan en épocas de bonanza. En situaciones como la que atravesamos, el dinero de las subvenciones a los del cine malo, pueden herir. Y van a herir, porque no parece que vayan a ser cancela­das o reducidas con la señora Gon­zález-Cine al frente del ministerio que no debe existir.

Creo que la señora ministra se ha metido en un lío. Está comprometi­da con los suyos a seguirles pagando las bazofias. De no hacerlo, irán a por ella. De hacerlo, será la ciudadanía la encargada de hablar.

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900 euros al mes

por: Arturo Pérez-Reverte . XL SEMANAL   5 DE ABRIL DE 2009

Esa joven cuyo futuro planean con tanto esmero la ministra de Educación, el de Economía y el resto de la peña

E1 otro día escuché a la ministra de Educación. Me parece que era ella. Y si no, da igual. Sería otra pava que hablaba como la ministra de Educación. Títulos, por cierto, el de ministra y el de Educación, que en España parecen sarcasmos. O que lo son. La oí satisfecha de esto y aquello, goteando agua de limón, encantada de que, gracias a ella y sus colegas, el nivel cultural y educativo de los españoles de España vaya a estar a la cabeza de Europa de aquí a nada, e incluso antes, merced a su buen pulso y a sus previsiones astutas, que tienen rima. Con rutas y con virutas. Después, en el mismo telediario, creo, escuché a un ministro de Economía —por llamarlo de alguna forma— que anda camuflado y con gafas de sol, pese a lo arrogante que era en otro tiempo, después de pasar una larga temporada justificando lo injustificable. Y me dije: hay que ver, Arturete, qué poco trecho va, en esta perra vida, de fulano respetable a ministro, y de ahí a marioneta o sicario. Pero lo que me tocó el trigémino fue que ambos, ministra y ministro, men­cionaran a los jóvenes y el futuro, en sus respectivos largues, sin despeinarse. Esos jóvenes llenos de futuro por los que tanto curran. Y se desvelan.

Así que voy a proporcionarles hoy, para facilitar un poquito el desvelo, el retrato robot de uno de esos jóvenes por los que cada día, en los ministerios correspondientes, se rompen abnega­damente los cuernos. Puede valer como ejemplo una de las cartas que me llega­ron esta semana: la de una chica de 28 años que trabaja en una tienda de Reus cobrando 900 euros al mes. Con novio desde hace dos años. Un chaval noblote y atento, pero con quien no puede irse a vivir, como quisiera, entre otras razones porque él lleva ya seis meses en el paro; y ella, por su parte, carga en su casa con todo el peso de la economía familiar.

Porque esa es otra. Con la chica viven su padre y su madre. Ésta, enferma de epilepsia, después de trabajar quince años sin que la dieran de alta en la Seguridad Social, no tiene trabajo, ni ayuda, ni pen­sión; y los setenta euros que se gasta cada mes en medicinas —un hachazo para la mermada economía familiar— tiene que dárselos su hija. Había en casa una cuarta persona, segunda hija, estudiante, que tra­bajaba cuando podía hasta que también se quedó sin empleo, y tuvo que irse a vivir a casa de su novio, con la familia de éste, porque en su casa una estudiante era una boca más y no había modo de mantenerla.

En cuanto al padre, nos vale también para retrato robot del español medio. Echado a la calle de la empresa donde estuvo veinticinco años trabajando, per­dió el juicio, como cada vez, o casi, que un trabajador se enfrenta en solitario a una multinacional. Después tuvo que pagar las costas procesales y la minuta del abogado, y ni siquiera pudo cobrar el finiquito. Ruina total. Tuvo que dejar el piso que ya estaba casi pagado, mal­vender el camión con el que trabajaba, liquidar letras e irse a vivir a un sitio más modesto, pagando 900 euros mensuales de hipoteca más gastos de comunidad. Al cabo de un tiempo de estar en el paro consiguió, temporalmente, un trabajo de seis días a la semana llevando un tráiler al extranjero, por 1.600 euros mensua­les que, descontados seguros, hipoteca, comida, teléfono e impuestos, no alcanzaban a pagar la luz, el agua y el gas. Pero ese dinero lo dejó de cobrar al quedarse de nuevo en paro por la crisis —ésa que no iba a existir, y que ahora sólo durará, afirman, un par de telediarios—. Y resul­ta, para resumir, que un hombre que ha trabajado toda su vida, desde los catorce años, se encuentra a los cincuenta y tres con que el mes que viene no puede pagar la hipoteca de la humilde vivienda donde se refugió tras perder el primer trabajo y la otra. Porque no tiene los cochinos 900 euros cada mes. Porque resulta que el único dinero que entra en casa, justo esa cantidad, es el que gana su hija: la joven cuyo futuro maravilloso planean con tanto esmero y eficacia la ministra de Educación, el de Economía y el resto de la peña. Y esa chica, con el sueldo mise­rable que percibe por trabajar ocho horas diarias seis días a la semana, con la casa familiar puesta a su nombre —el padre, comido de embargos, no pudo ponerla al suyo—, tiene ahora la angustia añadida de que, con los tiempos que vienen, o están aquí, en la tienda entra menos gente, y cualquier día pueden cerrarla y ponerla a ella en la calle. Y mientras, mantiene a su padre y a su madre, paga la luz, el agua, el gas y el teléfono, compra comida y lleva un año sin permitirse un libro o un revista, ni ir a un museo —los cobran— ni al cine, ni salir con su novio un sábado por la noche. Porque no puede. Porque no tiene con qué pagarse, a los veintiocho años y con una carrera hecha, trabajando desde hace cuatro, una puta cerveza. Así que ya ven. Barrunto que la ministra de Educación, y el de Econo­mía, y la ilustre madre que los parió, no hablan de los mismos jóvenes. Ni de la misma España. •

 

viernes, 10 de abril de 2009

Sin respeto

Tenía este artículo de Hermann Tertsch, guardado para mi archivo, pero ahora que lo he vuelto a leer, quiero compartirlo con vosotros.

Nuestro ex simio presidente, que Tertsch llama "el gran timonel", como se hacía llamar Mao, había nombrado un ministro de Cultura que es un hombre ordenado, que considera que la cultura significa el idioma, los museos, la proyección internacional de España, etc. y había puesto un poco de orden en un ministerio que había estado mangoneado por una sectaria, que sólo nombraba a sus amigos... Pero, lógicamente, como el presidente vió que era un hombre superior a él, lo ha destituído a los meses de haberle nombrado, y lo ha cambiado por una guionista de cine, ya que, los actorzuelos de cine, se llaman a sí mismos, "nosotros, los de la cultura", y viven alabando al presidente, para que éste a su vez, los compense con generosas subvenciones que pagamos todos los estúpidos españoles. (El año pasado, se han realizado en España, 50 películas que nunca se han estrenado).

De lo que se trata es, de que nadie brille más que el presidente, y como éste no brilla nada, hay que nombrar ministros grises, opacos, y si alguno destaca, se le despide y en paz...

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Sin respeto

HERMANN TERTSCH - Miércoles, 08-04-09 - ABC.es - Opinión - Firmas

 

«Con Pedro Solbes España ha vivido los momentos más brillantes de su economía». Con frases así quiere infundir confianza el Gran Timonel. Ésta es sólo una pequeña joya de la palabrería incontenible de nuestro presidente del Gobierno, en una especie de incontinencia verbal terrorífica y tan absolutamente fea por mentirosa que causa casi dolor físico.

No se trata ya del Gran Timonel tratando a los españoles como pequeños gilipollas cuando nos dice que él tenía marcado los tiempos de una crisis de Gobierno que le pilló literalmente en bragas al jefe. Sucede siempre que se impone la lógica de la selección negativa. Cuando un jefe se sabe un impostor mediocre y tiene que elegir gente peor en su entorno para no temer que alguien cuestione su posición y sabotee su impostura. Porque ha tenido gracia la ministra de defensa, doña Carmen, la señora de Barroso, el jefe de tantas cosas, desmintiendo al Pentágono y a la Casa Blanca, a la OTAN y a sus mandos, a todos los ministros de defensa supuestamente aliados y a los propios militares. Aquí uno aparece en el Congreso y puede contar cualquier milonga en abierta contradicción no ya con las manifestaciones de todos los demás implicados sino con la realidad flagrante y se va a casa andando, con una oficial del ejército llevándote el bolso y la gabardina. La ministra socialista, pacifista, feminista, nacionalista, catalanista y cacique, de las nuevas ricas que maltrata al servicio que no paga ella. Como decía su amigo Rubianes, con quien tanto se solidarizó, «que se metan su España por el culo». Cuando falta el respeto, todo es posible. Nos pueden contar cualquier cosa, cualquiera de ellos, sin rubor, mentiras grotescas, porque no hay respeto ninguno.