sábado, 14 de mayo de 2016

ARTE...¡Oh el Arte!



ARTE… ¡Oh el Arte!

Todos los que hemos leído algo, sabemos que la palabra “arte”, es como huidiza, que cambia con los tiempos, con los países, con los grupos culturales y hasta con cada persona. Sin dejarse definir claramente ni encorsetar en unos parámetros que puedan ser medibles. No obstante esto, parece que hay personas que creen tenerlo muy claro, y determinan tajantemente qué es arte y qué no lo es.
Pero eso, ha pasado en toda parte y a lo largo de los siglos, con casos clamorosos como el de Shubert en música, que vivió y murió prácticamente en el anonimato. Por no hablar de otros compositores que hoy consideramos fundamentales, pero que fueron abucheados y denostados en su época. O en literatura, como aquél crítico, cuyo nombre hemos olvidado, y que predijo que la obra de Muñoz Seca “La venganza de Don Mendo”, no duraría más allá del día de su estreno… En pintura, tenemos el caso clamoroso de Van Gogh, que no vendió un solo cuadro en su vida, salvo uno que le compró su hermano, como por caridad, o el caso de los sesudos académicos de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, que no quisieron admitir a Goya, porque dijeron que sus cuadros estaban como sin terminar. Lo que, afortunadamente, produjo el efecto de que Goya pintara el Cristo que está en el Prado, con una técnica “más académica”, para complacer a los “sabios”…
Así pues, nada nuevo bajo el sol. Pero lo curioso es, que en algunas páginas de fotografía, en las que estoy colaborando actualmente, parece que también existen personas que tienen muy claro lo que es arte y lo que no lo es, pero sin que tengamos la fortuna de recibir sus sabias enseñanzas, para salir también los otros de nuestra ignorancia.
Y también tenemos el problema de que, las modernas redes sociales, están manejadas o son propiedad de personas de USA, que aparte la barrera del idioma que nos separa, tienen todo automatizado, pero con unas normas, expresadas o secretas, (que también las hay, según informaciones), y un criterio casi medieval, de lo que es correcto y no correcto, sobre todo, en cuanto a mostrar cuerpos desnudos. Con el curioso detalle de que, si un cuerpo femenino, se ve en su totalidad, pero le ponen unos parches negros en los pezones, ya parece ser correcto.
Y todos sabemos que, el deseo sexual o la excitación erótica, puede que sea muy fuerte en los pezones para algunos, pero dista mucho de ser así, para otra gran mayoría, con lo que, como en la época de Franco, se pueden hacer miles de trucos, para hacer fotos, prácticamente pornográficas, siempre que no se muestre un pezón, aunque esto suene ridículo… ¡Que lo es!
Me viene a la mente la “Canción de la vida profunda” de Barba Jacob, con dos versos: …”tras de ceñir un talle y acariciar un seno, la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer”. O sea que, en ciertas circunstancias, algunos se pueden excitar con una manzana, por ejemplo. Recuerdo a este respecto, el vejete que, en unos grandes almacenes, estaba tan obsesionado en la sección de lencería que, llamaba la atención de otros clientes, que llegaron a detenerse a mirarlo, mientras él, absorto en tocar una y otra prenda, de las que se exhibían allí, había perdido la noción del mundo que le rodeaba, y ni siquiera se daba cuenta del espectáculo que estaba dando…
Parece que en Facebook y otras redes sociales, tienen unos ordenadores que filtran los textos y las imágenes, con unas palabras claves, que hacen sonar las alarmas, supuestamente para cazar terroristas o delincuentes varios, y entonces los censores reprimidos, que andan sueltos por toda parte, se han dedicado a descubrir esos, especie de resortes de alarma, para denunciar o prohibir, por interpuesto robot, las cosas que no les gustan. Porque una de las características típicas de nuestra psicología española es, que no sólo queremos tener nuestros gustos o ideas, sino que queremos que los otros, las adopten, aunque sea a la fuerza. Como hacían en la Inquisición, (Que no fue ni invento de España, ni la más feroz aquí), pero parece que los Torquemadas, sí han dejado secuelas imperecederas.
Y para darle más emoción al asunto, resulta que, estas páginas “gringas”, emplean a una especie de becarios, no sé si con algún sueldo o gratis total, que se encargan de incordiar a sus clientes, pero sin ninguna responsabilidad por parte de la organización. O sea que, hay unos señores que pueden firmar en nombre de la empresa, pero esa empresa, no responde de nada… Para los juristas que puedan leer esto, tendrán que reconocer que, es una versión jurídica absolutamente original. Os copio a continuación, un párrafo literal, de un mensaje que me llega de Wikipedia, sobre una de mis películas puesta allí:
“Aviso: Todos los correos recibidos en esta dirección son respondidos > por voluntarios y no se consideran una declaración oficial de la Fundación Wikimedia” ¡Toma nísperos, que decía Capmany!
Pero en fin, todo esto viene a cuento, de una anécdota que me ocurrió en estos días, con una persona que parece tener muy claro lo que es arte, y no le gustó ni un poquito, una foto que, en mi supina ignorancia, me atreví a publicar en una de estas páginas de fotografía… Y lo curioso es que, como no le gustó la foto, amenazó con retirarse de la página, que no tiene la culpa de nada…
Me recordó un cuento que circulaba en el Ejército, de un soldado que estaba muy cabreado y decía: Pues ahora, se va a joder el sargento, que ¡No como rancho!...
He copiado de la página en cuestión todo el episodio, pero he omitido los nombres de las diversas personas que escribieron, denominándolas en un término genérico, “opinadoras, 1, 2 y 3”, porque considero que, al fin y al cabo, los nombres no tienen importancia. Lo importante es que haya personas que, no les basta con poder opinar, sino que quieren imponer su criterio, sí o sí… con amenazas incluidas que, supuestamente perjudicarían a grupos ajenos al culpable de sus iras, ya que les impediría recibir sus valiosas aportaciones…
(Nota: La ortografía original, la he dejado como se publicó)
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MAFE en Madrid. Foto tomada en el Metro de Madrid, hace unos años. Cámara Sony Alpha 200, con la luz ambiente del vagón más flash. En realidad, es un recorte de una foto más grande.


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Comentarios

Opinadora 1: Y supongo que ésto lo consideras "arte" ...

Enrique Gutiérrez Simón La verdad Opinadora 1 es, que no tengo ni puñetera idea de lo que signifique la palabra "arte". Así que, si no te gusta la foto, me parece perfecto. Tienes todo el derecho a opinar lo que quieras... Pero en todo caso, te agradezco tu atención y que hayas dedicado tu tiempo a comentar.

Opinadora 1: Cierto.
Ésta fue mi primera y última interacción en un grupo que se llama 'Arte Fotográfico' no, "desempolvando mis recortes" si estoy en un grupo llamado así, es porque busco calidad visual Señor.
Buenos Días, chao!

Enrique Gutiérrez Simón Me parece perfecto Opinadora 1. Pero creo que no eres justa con el grupo, que no soy yo. Si no te parece apropiada mi foto, supongo que lo justo para los otros integrantes sería que, le dijeras a los administradores que me retiren del grupo, no que les prives de tus aportes. Pero en todo caso, sigo insistiendo en que tienes todo el derecho a opinar y actuar como mejor te parezca. y... Buenos días, también para tí.

Opinadora 2: Jeje pues yo de ti la borraba porque todos pensamos lo mismo asi no lo digan Emoticono frown

Enrique Gutiérrez Simón Pues sí, Opinadora 2, el problema se plantea cuando intentamos concretar lo de: "todos"... ¿Eres tú, la representante de "todos? Porque si es así, la borro ahora mismo.

Opinadora 3: Yo la considero muy buena !!!

Enrique Gutiérrez Simón Gracias Opinadora 3. Quizá por eso se dice que: Por los gustos se venden los calamares...
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Conclusión: Aquellos de vosotros que sufráis acoso, por parte de censores de la moral pública, o de cualquier otro tipo, consolaos con el pensamiento de que no sólo a vosotros os ataca la epidemia… Parece más generalizada de lo que creemos en principio…

domingo, 8 de mayo de 2016

El torito pequeño



El torito pequeño
-¡Está muerto!, le dijo el jinete a su ayudante. - Es muy pequeño y débil y en cuanto le he puesto el primer rejón, está prácticamente muerto. Dame un rejón pequeño, porque en cuanto nos descuidemos se cae.

La escena ocurría en la plaza de toros de La Macarena de Medellín, en Colombia, pasada la mitad del siglo pasado, cuando el rejoneador español Josechu Pérez de Mendoza actuaba en esa ciudad.

El suscrito, era por aquel entonces reportero del periódico “El Correo” de allí, y le habían enviado el día anterior a entrevistar al rejoneador. La conversación, además de girar sobre los temas taurinos que les interesarían a los lectores, derivó a temas personales, al constatar que yo también era español y  apreciar el torero el aparatoso equipo fotográfico que llevaba.


Josechu, me dijo que había comprado una cámara filmadora suiza, de último modelo, pero que ni él ni sus ayudantes sabían manejarla y que si yo podía filmar con ella la corrida del día siguiente, ya que en la conversación habían surgido algunos temas técnicos y suponía que tenía experiencia en el tema…

Sacó la cámara y, efectivamente era una maravilla de la técnica de aquellos tiempos. Una Paillard Bolex de 16 mm., con torreta de objetivos cambiables y todos los adelantos de la época. Quedamos en que asistiría el día de la corrida a la puerta de cuadrillas y allí los integrantes de su equipo me introducirían al callejón, donde sus ayudantes manejan los “trastos de matar” que dicen los taurinos.

Los humanos, en contra de las recomendaciones de los filósofos, que nos hacen notar que tenemos dos oídos y una sola boca, para que escuchemos más de lo que hablamos, nos dedicamos a hablar sin parar, sepamos o no lo que decimos. Pero hay dos temas en los que insistimos en dictar cátedra sin admitir la mínima controversia: Cuando hablamos de mujeres y de toros. Y la verdad es que estos son dos mundos insondables, absolutamente vedados al conocimiento racional. Y prácticamente nadie sabe de qué habla, por mucha experiencia que tenga en ambos campos. Dejamos de lado por el momento, el tema de los vinos, que es otro mundo en el que, se oyen más tonterías por minuto de conversación.


En una corrida en la plaza de La Ventas, un aficionado de esos que tanto saben, se mantenía corrigiendo al torero y dándole indicaciones a gritos. Hasta que éste ya cansado del “maestro”, se encaró y le dijo: “Aquí, señalando con el pie la arena. Aquí se ve mejor”…

Quizá esto nos podría servir de parangón con los políticos, de quienes nos refocilamos tanto hablando mal. Ellos, cuando están en la oposición, se mantienen diciendo lo que hay que hacer al presidente que está en activo. Pero cuando los eligen a ellos, su comportamiento dista mucho de lo que tanto predicaban… Posiblemente, porque desde la arena, los toros se ven diferentes.

Soy muy consciente de mi ignorancia absoluta sobre toros y muchas otras cosas, así que, al empezar la corrida me concentré en el manejo de la cámara y en seguir atentamente las evoluciones del toro, el caballo y el caballero en la plaza, obviando las emociones taurinas, que me son vedadas, cambiando de objetivo según fuera conveniente y atento sólo a la plástica de la imagen. Convencido como estaba, de que detrás de esa fortísima y alta barrera, estaba a salvo de todo peligro.


Y de pronto… en el visor, todo se volvió negro. Sólo se veían dos ojos penetrantes como dagas. Aparté la cara de la cámara y me encontré de frente con un inmenso toro negro como la noche, con unos terribles ojos fijos en mí y sólo en mí. La plaza, el público vociferante, el caballo y su jinete, el cielo, la luz del sol… habían desaparecido... Y la tan cacareada barrera ¡también! Únicamente estaba ese inmenso y amenazante toro, con aquellos ojos de aspecto asesino y dos cuernos que parecían estar en pantalla panorámica, porque mi ángulo visual no alcanzaba a ver los dos a la vez. Mis piernas empezaron a temblar con una vibración nerviosa y tenía que hacer verdaderos esfuerzos para contener mis esfínteres y no salir corriendo dando alaridos.

Cuando al cabo de un año… (En realidad unos segundos), mi sangre volvió a regar mi cerebro, pude volver a la realidad y apreciar la situación: El toro, que a decir de los taurinos españoles siempre son más pequeños en América, aunque no menos peligrosos, (como atestiguarían si pudieran, los toreros que han matado en ese Continente). Estaba quizá a unos diez metro de mí, y entre ambos se interponía la dura y alta barrera de la plaza. Se había detenido un momento y estaba mirando, quizá al tendido o a la parte en que yo me hallaba, o quizá a varios sitios alternativamente, hasta que el rejoneador le llamó la atención y volvieron ambos a lo suyo. Pero para mí, fue una experiencia inolvidable, de lo diferente que es ver los toros desde la barrera, como se dice vulgarmente y “estar ahí”, porque aunque sí estaba detrás de la dichosa barrera, la situación mental es que estaba en la arena y enfrentado a un monstruo mitológico, que yo veía a diez centímetros en lugar de metros. Aún me vuelve el temblor, cuando lo recuerdo…
Enrique Gutiérrez y Simón

Revisado en Madrid, mayo 2016

jueves, 5 de mayo de 2016

La fotografía y la libertad



La fotografía y la libertad
Los que hemos vivido en dictaduras, sabemos de los férreos controles que suelen ponerse para hacer fotografías, muchas veces en lugares que podríamos llamar “estratégicos”, como puertos, puentes, cuarteles y un largo etcétera, pero la mayoría de las veces, en lugares sin ninguna relevancia; por capricho “del que manda”. De manera que sus subordinados, policías y otros varios, vigilan e impiden hacer fotos, sin que se comprenda muy bien por qué. Y de publicar fotos, ni hablemos, porque hay controles absolutamente ridículos.
Pero… ¿Qué pasa en las llamadas “democracias”? Pues… exactamente lo mismo, aunque esta afirmación parezca gratuita, pero es cierta.
El primer problema que se encuentra el ciudadano común, suele ser en las iglesias, donde se le impide, a veces en forma amenazante, estilo matón gansteril, hacer fotos en el bautizo, boda o cualquier otra ceremonia de un familiar, por la sencilla razón de que el cura, creyendo que la iglesia es de su propiedad, contrata esas exclusivas con algún fotógrafo, que le participa con un porcentaje de lo cobrado. (El nuevo Papa, acaba de pronunciarse contra esas prácticas, pero parece que se le obedece… a veces sí y a veces no).
El siguiente problema es en los museos, donde supuestamente se trata de preservar las pinturas. Pero esta falacia se viene abajo, si lo que pretendemos fotografiar es una escultura, que no se va a decolorar… Y por otra parte, sería más lógico impedir el uso del flash y permitir las fotos sin flash, como ocurre en algunos de ellos, pero todo esto, cambia de un museo a otro y de una época a otra, según cambia el jefecillo de ese museo o de ese ministerio, que da órdenes o promueve reglamentos, sin una razón lógica, más parecidas a los berrinches de una mala noche con su amante, como si de un reyezuelo de opereta se tratara.
No conozco ningún estudio serio, que demuestre que la luz de los flashes deterioren la pintura, más que la luz natural o la iluminación de tal o cual museo. Y menos si tenemos en cuenta que un flash dispara a una velocidad de una milésima de segundo. Lo que significaría que, hay que disparar 1.000 flashes, para que a un cuadro le llegue la misma luz, que un segundo de iluminación natural, o la artificial que aguanta todo el tiempo. Pero… hay una razón lógica: El flash tiene una luz con mayor temperatura de color que la artificial, por lo que tiene más luz en la zona del ultravioleta, que al fin y al cabo, parece que es la zona del espectro que más deteriora los colores. Pero entonces, ningún museo debería tener ventanas, porque la luz solar también tiene una alta temperatura de color.
Foto tomada hace 15 años en el Museo del Prado, permitida sin flash
Y admitiendo que el flash sea muy dañino, e incluso, pensando que si no es dañino, sí puede ser muy molesto para el resto del público, el estar aguantando cientos o miles de disparos de flash alrededor; al hacer fotos sin flash, como se admitía hace un tiempo en el Museo del Prado, o se admite en el de Sorolla o en el Reina Sofía, nadie podrá decir que las obras expuestas sufren ningún daño, pero… entonces, nos llevamos la sorpresa de que, cuando intentamos hacer una foto, incluso sin flash, en otros lugares, como me ha ocurrido en El Escorial, o incluso en una simple terminal de transportes, llegue algún vigilante muy puesto en su papel de censor, a impedirlo, y cuando se le pregunta la razón, diga que. “Por seguridad”…
O sea, la misma razón que se aducía en la época de Franco y hoy se vigila muy estrechamente, en lugares como Corea del Norte, China y sus seguidores: Cuba, etc. ¿Qué seguridad se preserva al impedir hacer una foto en una escalera de piedra de El Escorial, o en otros sitios? Donde hace unos años, había un aparatito en la Catedral, que al introducirle una moneda de cien pesetas, se encendían todas las luces, durante unos minutos, para poder hacer fotos a gusto del consumidor? ¿Se desgastaron las columnas, o se debilitó el cimborrio en aquél tiempo, y por eso se ha prohibido hacer fotos, con y sin flash? ¿O es que ha cambiado el jefecillo responsable, y al nuevo le ha contado un cuñado que vino de algún viaje, y le ha dicho que en tal o cual sitio se actúa así?
Catedral de El Escorial, con las luces encendidas para la foto, hace diez años
¿Alguien piensa que, si unos terroristas o delincuentes de cualquier tipo, quieren hacer fotos en determinado sitio, para preparar un delito, con los modernos sistemas digitales, van a llevar una cámara, que el vigilante de turno impida usar? ¿De verdad cree alguien, que con esa inútil molestia a los ciudadanos normales, se está preservando la seguridad en alguna forma?
A los ciudadanos, se nos dan órdenes incongruentes, y siempre por un empleado que, al fin y al cabo, sólo hace lo que le han ordenado, pero nunca podemos tener una explicación razonada del responsable; entre otras cosas, porque no hay ninguna razón lógica, para ordenar hoy esto y mañana lo otro.
Es curioso recordar que, los que tenemos unos años, siempre vimos el cuadro de El Greco, “El caballero de la mano en pecho”, todo negro, donde sólo se distinguían: La cara, la mano derecha y la cruz de Santiago. Pero llegó el día en que a alguien se le ocurrió que lo limpiaran, y resultó que el cuadro no era totalmente negro, sino que El Greco había pintado el cuerpo y el fondo en diferentes tonos oscuros, pero que se veía mucho más, solo que con el tiempo, el cuadro se había cubierto de mugre, y al quitarla, apareció como era en la realidad. Y pregunto: ¿Si no lo hubieran limpiado, estaría más protegido, según la frase popular: “La cáscara guarda el palo”. Y podríamos hacerle todas las fotos que quisiéramos, ya que la luz, nunca llegaba a la pintura real?
Todo esto, nos lleva a la clarísima conclusión de que, estamos en manos de unos prepotentes individuos, generalmente ignorantes, con cientos de asesores, pero que o no saben asesorar, o no les hacen caso, por lo que tenemos que soportar, normas absurdas, sin razón ni explicación, que nos amargan la vida gratuitamente, porque la frase “Patrimonio Nacional” no la han entendido nunca y la interpretan como “Patrimonio Personal”.
Museo Sorolla, permitidas las fotos sin flash
A ver si nos enteramos, y les podemos hacer comprender que: Los museos, monumentos, vías públicas y demás elementos del Patrimonio común, son nuestros, de los ciudadanos, y que ellos son en realidad “servidores públicos” a los que les pagamos para que hagan un trabajo bien hecho y para preservar, “La vida, honra y bienes” de los ciudadanos, que se dice. Que toda norma que se dicte, ha de ser orientada a ese fin, pero además, razonada y explicada convincentemente, en forma de que todo el mundo la pueda entender, para que sea cumplida con convencimiento, no con amenazas…
Y por fin, y comprendo que esto ya es mucho pedir: Que una vez establecidas unas normas, lógicas, razonadas y explicadas. Estas normas sean iguales para todos los lugares de nuestro Patrimonio, en toda España y para todo el tiempo, a menos que las circunstancias cambien, en cuyo caso y al cambiar las normas, las nuevas han de ser: lógicas, razonadas y explicadas.
Comprendo que con el estado de las autonomías que nos hemos inventado, cada reyezuelo de cada pueblo, quiera mandar como si de su casa se tratara, para que quede claro lo de “¿Sabe usted quién soy yo?, pero al fin y al cabo, aunque yo no sea sino un ciudadano de a pie… por pedir que no quede.
Enrique Gutiérrez y Simón
Madrid, 5 de mayo de 2016

martes, 3 de mayo de 2016

Fusilamientos de la Moncloa



Fusilamientos de la Moncloa, 3 mayor 1808

Cuadro original de Goya, en el Museo del Prado

 Fusilamientos de la Moncloa. Esta foto, tomada en el Museo del Prado, del cuadro original de Goya, del 3 de mayo de 1808, tiene al menos dos lecturas.

La primera, conmemorar que hoy hace 208 años, y como consecuencia del levantamiento del pueblo de Madrid, contra el invasor ejército de Napoleón, se dio el aberrante caso de, fusilar a desarmados españoles, en España, por parte de soldados extranjeros… Todo ello, como resultado de tener a los reyes más nefastos de nuestra historia: Carlos IV y su funesto hijo Fernando VII, (El rey felón. Podría decirse que comparado con aquella época, lo inútiles gobernante actuales, no son sino sus herederos). La segunda lectura es, que la foto está tomada en el Museo del Prado, con permiso de los vigilantes que, hace quince años, admitían tomar todas las fotos que se quisieran, siempre que no se usara flash. Esto demuestra que, padecemos una epidemia de supuestos “servidores públicos” que, en lugar de buscar el bien común y salvaguardar la vida, honra y bienes de los ciudadanos, que es para lo que les pagamos, ellos se creen una especie de reyezuelos de opereta, que dan órdenes contradictorias y cambiantes, según les fue la noche anterior con su amante de turno, sin que el ciudadano pueda reclamar nada, ya que ellos nunca están para dar la cara, y explicar qué es eso que sus pobres subalternos nos dicen, con la frase de: “Es por seguridad”… ¿Creerán estos pobres descerebrados que, si algún terrorista o delincuente de algún tipo, quiere tomar fotos de un lugar, con las nuevas tecnologías, va a llevar una cámara visible?