lunes, 6 de marzo de 2017

Los test de inteligencia



Los test de inteligencia

"Después de todo, ¿qué es la inteligencia?" Aquí está la definición más inteligente que he visto
Cuando estaba en el ejército, nos hicieron una prueba de aptitud, a todos los soldados, y saqué 160 puntos.
El promedio fue de 100.
(No significaba nada - al día siguiente todavía era un soldado raso - guardia de cocina)
Toda mi vida he sacado notas como esta, y siempre me dieron una idea de que yo era realmente muy inteligente. Y me imagino que otras personas también pensaban de mí lo mismo.
 Pero, la realidad es que, estas notas significan sólo que soy muy bueno para responder a un tipo específico de preguntas académicas, considerada relevante por las personas que hacen estas pruebas de inteligencia, y probablemente tienen una habilidad intelectual como la mía.
Por ejemplo: Conozco a un mecánico que nunca podría pasar una prueba de estas, que no conseguiría sacar ni 80 puntos. Así que siempre me he considerado mucho más inteligente que él.
Pero cuando algo le pasa a mi coche y necesito a alguien para darme un diagnóstico de forma rápida, siempre acudo a él. Mira el coche e investiga la situación mientras que hace sus pronunciamientos sabios y profundos como si fueran oráculos divinos.
Al final, siempre repara mi coche.
Así que imagínense si estas pruebas de inteligencia fueran preparadas por mi mecánico.
O por un carpintero o un agricultor, o cualquier otro que no sea un académico.
En cualquiera de estas pruebas, seguramente demostraría mi total ignorancia y estupidez. De hecho, ni siquiera sería considerado un ignorante, sino un estúpido.
En un mundo en el que no pudiera valerme de mi formación académica o mi talento con las palabras y tuviera que hacer algún trabajo con las manos aunque nada complicado me sentiría muy mal.
Mi inteligencia, por lo tanto, no es un absoluto, sino algo impuesto como tal por una pequeña porción de la sociedad en la que vivo.
Recordemos a mi mecánico de nuevo. A quien le encantaba contar chistes.
Una vez levantó la cabeza por encima del capó del coche y me dijo:
"Doctor, un sordomudo entró en una ferretería para comprar unos clavos. Puso dos dedos sobre el mostrador como si estuviera sosteniendo un clavo invisible y con la otra mano cerrada, imitaba un martillo. El empleado trajo entonces un martillo. Él movió la cabeza de un lado a otro de forma negativa y señaló los dedos en el mostrador. Esta vez el empleado trajo varios clavos, eligió el tamaño que quería y se fue.
El siguiente cliente era un hombre ciego. Que quería comprar un par de tijeras. ¿Cómo cree que lo hizo? "
Levanté la mano como "cortando el aire" con dos dedos como tijeras.
"¡No tiene ni idea! Simplemente abrió su boca y usó su voz para pedir lo que quería"
Mientras mi mecánico reía, dijo: "Estoy haciendo este truco con todos los clientes"
"¿Y muchos cayeron?", Pregunté.
"Claro. Yo estaba seguro de que iba a funcionar".
"¿Ah, sí? ¿Por qué? "
"Debido a que usted tiene una gran cantidad de estudios médicos, y otros, sabía que no sería muy inteligente"
Y algo dentro de mí dijo que tenía alguna razón.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Hermano Alberto



Hermano Alberto

Alegría y optimismo personificados

El texto que sigue, lo escribí para el Boletín de ACOA, en agosto de 2014, admirado por la entereza y alegría que respiraba el Hno. Alberto, de La Salle, a pesar de que ya tenía un cáncer, desde hacía tiempo, pero que él llevaba como si eso fuera un catarro pasajero.

Hoy, me llaman para decirme que ha fallecido, lo cual, por esperado no es menos triste y aplastante, enfrentados a ese destino fatal, que representa la muerte, misteriosa e inevitable, pero siempre dolorosa para los que quedamos aquí.

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Dicen los ingleses que: Hablar de enfermedades es de mala educación. Y parece que el Hno. Alberto ha aprendido eso desde niño, porque no hay manera de que, cuando le saludamos y le preguntamos ¿Cómo está?, conteste otra cosa que: - ¡Muy bien!…

Pero todos en ACOA sabemos que no está bien. Entre otras cosas, porque ninguno estamos: ¡Muy bien!, ya que el que más y el que menos, tenemos ya unos cuantos calendarios. Normalmente, cuando hay que hacer algo de esfuerzo físico, como mover mesas, traer bebidas y demás, cada uno de nosotros aducimos una u otra dolencia, para escurrir el bulto, pero el Hno. Alberto, siempre está ahí. Colaborando en todo lo que se le pide y hasta lo que no se le pide. Basta que él vea a alguien llevando cualquier cosa de un lado para otro, para que inmediatamente se acerque a ayudar, sin decir nada. Como si estuviera ahí, esperando a ver quién lo necesita.

Algunos socios de ACOA, cuando se les habla de él, no lo conocen por el nombre, así que la forma de identificarlo es muy fácil: ¿Viste ayer a ese hermano que arreglaba un cable eléctrico subido en una escalera? ¿O, el que estaba atornillando una bisagra suelta en una puerta? ¿O, el que estaba podando y arreglando el jardín? ¿O, el que llevaba sillas de a dos, de un aula para otro? Pues ese es el Hno. Alberto.

En general, los HH. De La Salle, parece que hubieran aprendido muy bien aquella frase de: “El que no vive para servir, no sirve para vivir” Y aunque todos son colaboradores y desprendidos, el Hno. Alberto es un caso excepcional, entre los excepcionales. Esperemos que Dios lo conserve entre nosotros por muchos, muchos años…
Enrique Gutiérrez y Simón
Madrid 17 agosto 2014

viernes, 3 de febrero de 2017

Madre



Madre

Esta foto, es quizá la demostración más palpable, para mí, de la frase que puse en mi muro hace tiempo: “Las buenas obras: Fotos, pinturas, escritos o hechos, no son para ser vistos, sino para ser realizados”.
La emoción, la pasión, la satisfacción que se siente, cuando se hace algo con verdadero sentimiento, o en su caso, la desolación y el fracaso, cuando por cualquier causa sale mal, no pueden compensarse de ninguna manera con lo que nos digan otros sobre esa obra, sean alabanzas o reproches. Al final, el sentimiento interno, bien de satisfacción o de tristeza, es absolutamente personal y único.
Cuando hice esta foto, en un remoto pueblo de la zona cafetera de Risaralda, en Colombia, allá por los primeros años 80’, pasaba por la única calle que tiene el pueblo, en dirección al instituto, donde estaba dirigiendo unos cursos de preparación de bachilleres, y llevaba como siempre, mi cámara que ahora llaman “analógica” (no sé por qué), donde todo era manual. Pasé por esa puerta, y vi con el rabillo del ojo la escena, que me llamó inmediatamente la atención, así que, me detuve, pero pasada la puerta, fuera de la vista de esta mujer y preparé la cámara, con todos sus ajustes manuales: Enfoque, fijado a unos 3 metros, Velocidad de disparo a 1/250, y el diafragma correspondiente, que debió ser f: 4,5, más o menos. Miré por el visor y di un paso atrás, para encuadrar la escena en una fracción de segundo, disparando inmediatamente y dando otro paso, para ocultarme de la vista de la mujer, que, estoy seguro de que ni me vio, ni tuvo conciencia de lo que pasaba, abstraída como estaba, en el cuidado de su hijo.

Cuando me detuve, a guardar la cámara en su estuche, mi corazón palpitaba a un ritmo endiablado, como si hubiera cometido un crimen, o algo parecido. Y la verdad es que este hecho, sin tener nada de punible en realidad, es algo así como una violación, por lo menos de la intimidad de esa dignísima señora, cuyo amoroso cuidado con el niño, es igual al de todas las madres del mundo… o al menos igual al de todas las madres, que ejercen de madre. Porque todos sabemos que hay muchas madres, muy enjoyadas y activas socialmente, a cuyos hijos apenas ven. Como aquella madre española que llevó a su hijo al pediatra, porque no aprendía a hablar. Pero el concepto del médico fue: Su hijo habla perfectamente, lo que pasa es que, habla en tagalo, que es el idioma nativo de la sirvienta filipina, con quien pasa todo el día…
Pero volviendo a la foto, que es lo que nos ocupa: lo curioso de este caso, pero normal en aquella época, es que, hubo que esperar varios días, hasta que terminadas todas las fotos que admitía el rollo y revelado químicamente en mi casa, pude ver el resultado, ya positivado en papel. Cuando vi la foto terminada, me gustó el resultado, pero analizando la situación, he de concluir que, aquella emoción y aquel palpitar del corazón, fueron únicos, y nadie me los habría podido quitar, aunque la foto hubiera salido mal, por cualquier causa. O sea, el resultado de la foto, era en realidad irrelevante. Lo importante era haberla hecho y las circunstancias del caso, con la emoción correspondiente. Esto quiere decir que, cuando hacemos algo y luego recibimos alabanzas o parabienes por el resultado, nos sentimos bien y agradecemos los elogios, pero, la emoción del hecho, en el momento de realizarlo, es irreemplazable e independiente de lo que opinen otras personas, o nosotros mismos, cuando todo el momento de la creación haya pasado.
Por eso será que se repite frecuentemente: Vive el presente. Actúa, muévete, ¡Hazlo! No te quedes anclado en el pasado, sea feliz o desafortunado. Y no te obsesiones con un futuro que en realidad no existe, y no sabes si existirá, o no existirá nunca.
O, como decía mi buena amiga María José, estos días: Es mejor quedarse con la culpa, que con las ganas.

miércoles, 1 de febrero de 2017

El ministro y la prostituta



El ministro y la prostituta
Este es un hecho real, que demuestra la inteligencia y agudeza gallega. Se ha transmitido verbalmente, por lo que no se puede garantizar la exactitud de los datos, pero en su esencia es así:

Viajaba un ministro de la época del franquismo por Galicia y al pasar cerca de un pueblo de aquella comunidad, se averió el coche, (que en aquella época, los ministros y demás gerifaltes, no usaban coches tan nuevos y de alta gama, como los que usan hoy). El chofer se bajó del coche y se acercó al pueblo a pie, para ver si había un mecánico o similar, que le ayudara a resolver el problema.

Cuando el alcalde y demás “fuerzas vivas” del pueblo, se enteraron de que había un ministro en su pueblo, se vinieron todos en manada a saludarlo y hacerle reverencias y ofertas de comidas y bebidas de la región, a lo que el ministro accedió, quizá por aburrimiento, mientras el chofer y el “mecánico” o herrero o lo que fuera que habían encontrado para ayudar a resolver la avería, trabajaban en el coche.

Después de muchas ceremonias e insistencia para que el ministro visitara la escuela, la iglesia y demás joyas artísticas del pueblo, llegó el chofer, ya conduciendo el coche, a decir que por el momento, podían seguir el viaje, por lo menos hasta encontrar una ciudad grande, en que en un taller especializado, revisaran el problema mecánico, para poder seguir viaje a Madrid, con seguridad.

El ministro, vio el cielo abierto, con el coche ya en el lugar en que estaba e hizo ademán de subirse, despidiéndose cortésmente de todos, y diciendo: Muchas gracias por todas sus atenciones y ya saben, que si en algo puedo serles útil en Madrid, me tienen a su disposición, (Como una de esas fórmulas corteses que todos decimos, sin pensar en ello).

El alcalde, se adelantó al resto del grupo y le dijo: Señor ministro: Ya ha visto la escuela y que sólo tenemos una maestra para impartir todas las asignaturas, de manera que cuando se enferma o tiene cualquier percance, todos los niños del pueblo, se quedan sin clase, por lo tanto, sería muy importante para el pueblo que, si en Madrid pudieran ayudarnos a resolver ese problema, nos enviaran una prostituta.

El cura y demás personajes importantes del pueblo, se acercaron inmediatamente, dándole codazos y discretas pataditas al alcalde, interponiéndose entre este y el ministro, y hablando todos al mismo tiempo, como para “tapar” la metedura de pata de este.

El ministro, con una sonrisa, abrevió todas esas despedidas y se introdujo rápidamente en su coche cerrando la puerta, e indicándole al chofer que arrancara.

Apenas se alejó un poco, todos empezaron a recriminar al alcalde, por su gazapo, pero este, riéndose a carcajadas, se enfrentó al grupo y les dijo: Parece mentira que sean tan ingenuos. Si yo le digo al ministro que necesitamos que nos envíen una sustituta, en la primera curva que dé el coche en su viaje, el ministro se habría olvidado de la petición, del pueblo y de todos nosotros. Ahora, va muerto de la risa y esperando llegar a Madrid, para contárselo a Franco, a los otros ministros y a todo el que se encuentre. Yo no sé si nos harán caso y nos mandarán a la sustituta, pero sí les puedo asegurar que, el ministro no se va a olvidar de nuestra petición.
Enrique Gutiérrez y Simón
Madrid, 31 ene. 2017


lunes, 26 de diciembre de 2016

Belenes en la Puerta de Alcalá de Madrid.



Belenes en la Puerta de Alcalá de Madrid.


En estas fiestas, todos los años, el Ayuntamiento de Madrid, colocaba unas figuras que representaban el nacimiento de Jesús, con todo lo que suele rodearlo, en tamaño grande en el centro de la Puerta de Alcalá. Pero este año, los máximos dirigentes de ese Ayuntamiento, que pertenecen a un partido o tendencia política, que no les gusta esta costumbre, han resuelto no ponerlo, aduciendo que no todos los madrileños son católicos.

Algún comentarista, que no recuerdo ahora, ha dicho que la alcaldesa, pone a veces en el Ayuntamiento la bandera multicolor, que representa el movimiento gay, y sin embargo, no todos los madrileños somos maricones…

Pero conste que, eso no lo digo yo, que ni he visto esa bandera ni he oído a la alcaldesa decir esa cosa u otra. Simplemente, comento algo que está publicado, sin entrar en esas profundidades, que no me interesan en absoluto.

El hecho es, (Y esto sí es un hecho), que se vio en TV una noticia, de multitud de madrileños, acercándose a la Puerta de Alcalá, y depositando pequeños grupos de figuritas, representando el belén, o nacimiento, que es como solemos llamarlas. Ya que, si el Ayuntamiento no pone el belén, el pueblo de Madrid sí lo hace, por su cuenta y pagándolo de su bolsillo.

Vista la noticia, salí corriendo esta tarde, para deambular un poco por el Parque el El Retiro y de paso, ver cómo estaba la puerta de Alcalá, que vi iluminada con multitud de colores, aunque no se distingue bien, si son adornos de Navidad, o el anuncio luminoso de un puticlub de carretera. Pero, lo que me emocionó hasta las lágrimas, fue ver a la gente del pueblo de Madrid, acercarse a la puerta, a admirar los pequeños belenes que habían traído otros, o a aportar los suyos, a la verdadera alfombra de figuritas en que habían convertido el suelo. Lo que demuestra que, ese pueblo de Madrid, que se levantó en armas contra el ejército más poderoso del mundo, de Napoleón, o que rechazó también con las armas en la mano, le rebelión de los generales contra el gobierno de la República, esta vez, sin necesidad de armas de ningún tipo, aparte su determinación, sigue teniendo carácter y personalidad.


Aquí, nadie gritaba, ni levantaba el puño, ni hacían grandilocuentes declaraciones partidistas. Simplemente, disfrutaban de la alegría de la Navidad, compartiendo sus aficiones o creencias y admirando el trabajo de los otros, en un ambiente festivo, pacífico y solidario. Y como siempre, me puse a buscar los cuatro pies al gato, mirando a ver cuántos policías andaban por ahí, controlando el orden… ¡Ni uno! No había nada que controlar, porque los ciudadanos pacíficos no producen desórdenes, y sólo buscan disfrutar de la vida en paz y armonía.
Una vez detenido todo el tráfico, como es de rigor cuando yo salgo a hacer fotos, pude encuadrar con toda tranquilidad la puerta, y abajo a los ciudadanos que iban rotándose en el grupo tranquilamente. Quizá porque en estas fechas está de moda una frase: En la Tierra Paz a los hombres de buena voluntad.