miércoles, 25 de julio de 2012

¡Gracias!


¡Gracias!
Ante todo: ¡Gracias!. Gracias por la asombrosa cantidad de felicitaciones de cumpleaños que me han llegado, por teléfono, por E-mail por Facebook y cualquier otro medio de comunicación de los que usamos habitualmente.
Todos los días, envío una serie de mensajes a una larga lista de mis amigos, por lo que es normal que me lleguen mensajes de muchos de ellos, Pero es que además me llegan también de otros que no reciben habitualmente mis mensajes y me llaman por teléfono otros tantos, lo que de verdad me abruma y me avergüenza, por no poder contestar individualmente a cada uno de vosotros, como sería lo correcto.
Como digo en mi libro “Marina y Floro”, nunca he padecido “Carencia Afectiva”, ni nada que se le parezca, pero esto, la verdad es que me abruma y no alcanzo a corresponder como se merece, teniendo en cuenta además, que el 24 de julio no es mi cumpleaños real, aunque sí sea la fecha que figura en todos mis documentos y referencias en las redes sociales…
Como si fuera una tarjeta de agradecimiento a todas vuestras felicitaciones, acabo de escribir una pequeña historieta en tercera persona, atribuida a un personaje ficticio llamado Eduardo, que os envío con mi más sincera expresión de afecto y amistad… Ya quisiera yo, saber expresar una pequeña parte de ese cariño que me expresáis vosotros…
El Bi-Cumpleaños
Esta es la pequeña historia de Eduardo, que tuvo dos cumpleaños anuales durante toda su vida, sin haber hecho nada especial para ello…
El padre de Eduardo era un hombre bronco, curtido en trabajos duros y militante político de tendencias y acciones revolucionarias. Viudo y padre de dos hijos, chica y chico, que ya habían cumplido los 8 y 6 años respectivamente, en el momento de nuestra historieta.
Vuelto a casar, un 18 de julio nació su tercer hijo, Eduardo, que el padre recibió con unas muestras de alegría y cariño, muy poco acordes con lo que a primera vista se esperaría de él, tanto por tener ya los dos hijos anteriores, como por su carácter un tanto hosco y poco dado a las expresiones cariñosas, normales en otro tipo de personas.
En ese país y en esa época, la gente nacía en sus casas, con comadronas y todo el entramado de vecinas, trayendo y llevando cosas a la habitación de la parturienta, todas apartando al padre como un estorbo inútil, hasta que se oía el llanto del recién nacido. Entonces, alguna de las asistentes salía y le decía al padre que “ha sido niño” y después de lavado y envuelto en miles de trapos, al fin, dejaban que dicho padre entrara en la habitación y viera a su hijo.
En este caso concreto, el padre hizo una cosa que no parecía muy coherente: Puso en la pequeñísima mano del recién nacido unos billetes de banco, que lógicamente el niño apretó de forma automática y le dijo: Para que vayas a buscar chicas guapas…
Inmediatamente, llamó a sus amigos y compañeros de trabajo, que estaban con él esperando el acontecimiento y después de que cada uno hiciera las acostumbradas exclamaciones de lo guapo que era el niño y lo parecido al padre, salieron todos a celebrarlo en la taberna más próxima, sin que se le volviera a ver por la casa en muchas horas.
Al salir del trabajo al día siguiente, llegó a la casa con algunos compañeros de los que habían estado el día anterior y algunos otros que todavía no habían visto a “su hijo” y, después de las exclamaciones acostumbradas, saleron a celebrarlo todos juntos en la taberna…
Esta llegada en grupo, y la correspondiente salida “a celebrarlo”, ocurrió al día siguiente… y al siguiente… y al siguiente. Hasta que alguno de los asistentes, entre trago y trago de tinto, hizo una pregunta inocente, pero de graves consecuencias: -¿Has registrado el niño en el Registro Civil?
-No…
-Pues ya sabes que tienes 48 horas para hacerlo a partir del nacimiento, y si te retrasas, tienes una multa…
En vista de que ya era tarde para hacerlo en ese momento, convinieron varios de los asistentes en ir en grupo al día siguiente. Presentados en el Registro, pregunta el funcionario al padre: -¿Cómo se va a llamar el Niño?
-Eduardo.
-¿Cuándo nació?
-Ayer…
Y todos los conmilitones firmaron como testigos de la veracidad de esas afirmaciones… Pero ese día era ya 25 de julio. O sea, que había pasado una semana completa de juerga…
A partir de ese momento, toda la familia celebró el cumpleaños de Eduardo el 18 de julio, pero en todos los documentos figuró siempre el 24 como el día de su nacimiento, por lo que las personas menos cercanas le felicitaban siempre el 24.
Eduardo, tenía, como ya dijimos, dos hermanos mayores, que en los años que van desde la niñez a la adolescencia, eran “mucho mayores”, por lo que lo estuvieron protegiendo toda su vida como si formaran parte de una guardia pretoriana. Y él, muy puesto en la especial predilección que le demostró su padre desde el mismo momento de nacer y todo el resto de su vida, mas esa especie de paraguas protector que le tenían sus hermanos, aprovechaba la circunstancia de su bi-cumpleaños, para recibir con alegría los regalos que le hacían el 18 de julio, y luego exigir regalos el 24, diciendo que era su cumpleaños, como podía demostrar fehacientemente con todos sus documentos…
Al cabo de los años, en ese País se declaró Fiesta Nacional el día 18 de julio, que Eduardo aprovechaba para decirles a sus amigos juveniles que era por celebrar el que él había nacido ese día, y aunque pasados unos interminables 40 años se quitó esa fiesta, todavía hace bromas con la paga extraordinaria que se les daba a todos los trabajadores por esas fechas, y que se conserva.
Aunque Eduardo reflexiona y se mira hacia adentro, sin encontrar el motivo real por el que tiene tantas personas que le demuestran aprecio, el hecho incuestionables es, que nunca en la vida ha padecido de carencia afectiva, que sí ve que padecen algunos amigos cuando se han hecho mayores, así que sigue recibiendo infinidad de felicitaciones de cumpleaños por diversos medios de comunicación y ya, ni puede contestar a todos, ni mucho menos se molesta en aclarar el equívoco de que su cumpleaños real no es el 24 sino el 18 de julio…
Tanto el teléfono, las diversas redes sociales o el correo electrónico, se colapsan el día 24 con felicitaciones, que Eduardo agradece sinceramente a todos, aunque no pueda materialmente contestar a todas individualmente. Pero el hecho, le deja una cara de estúpido pasmado impresionante…
Enrique Gutiérrez y Simón
julio de 2012

lunes, 23 de julio de 2012

Esl arma que nos quitaron


El arma que nos quitaron


El respeto a la propia historia es clave para la cohesión y la fuerza en momentos de zozobra

HERMANN TERTSCH – ABC – 22 ju. 2012
«Bailen 1808» dirían que es un club de fútbol. ¿Numancia? Más fútbol. Con las Navas de Tolosa 1212 se ha­rían un lío. ¿Una marca? Arapiles, unos grandes almacenes. Lepanto, me suena. Trafalgar, una plaza en Lon­dres. No intenten examinar el cono­cimiento de los jóvenes españoles so­bre nuestra historia. Porque en gene­ral no saben casi nada y, como suele suceder con lo que se ignora, intere­sa poco.
Los españoles nunca han tenido una relación fácil con su historia. Desde la edad de oro nuestros clásicos despotrican de la patria y de las gran­des gestas hechas en su nombre con una crueldad y pasión que no es fácil encontrar fuera. Y, sin embargo, has­ta el siglo XX ha habido una cierta continuidad en el relato histórico so­bre los orígenes y el pasado de nues­tra nación.
Avergonzados de España
La historia se enseñaba con coheren­cia y en consenso. La renuncia gene­ral al conocimiento de nuestra histo­ria se produce a partir de 1975 cuan­do nos urge distanciarnos de la dictadura y de todos sus mensajes. Con la mala conciencia de un pueblo en el que no hubo mayor resistencia a un dictador que murió en la cama. Cunde el miedo a ser identificado como franquista. Y cualquier defen­sa de la nación española es sospecho­sa. Como tantas veces en nuestra his­toria, el miedo explica mucho. Nadie se atreve a enfrentarse a la idea pron­to dominante de que el nuevo «Esta­do español» tiene que ser lo menos España posible.
La apuesta estratégica de las fuer­zas de izquierda de aliarse con fuerzas nacionalistas en País Vasco y Ca­taluña lleva a primar la promoción de una parahistoria en gran parte in­ventada. El patriotismo español es denostado, el fanatismo patriota de los nacionalismos es doctrina de pro­greso. España desaparece hasta del vocabulario de la clase política. Por no hablar de la escuela. Es allí donde desembarcan generaciones de educadores ideologizados y hostiles a la mera idea de la nación.
En muchas regiones todo lo espa­ñol dignificante es proscrito. La ridiculización de las hazañas, de los mitos y los hitos en la historia espa­ñola es parte de la doctrina identitaria. La misma suerte corre por su­puesto la religión católica, tan ridiculizada y demonizada como la propia idea de España y una identi­dad nacional sistemáticamente com­batida con dinero público. Otras iden­tidades sustitutorias, basadas en le­yendas decimonónicas o en la negación de los hechos, ocuparon su puesto.
Corrección política
La rampante corrección política, in­quisición implacable, añade a ello el incentivo a la autocensura. El entu­siasmo habido con motivo de nues­tros éxitos deportivos revela que existe una demanda de un sentido de pertenencia. Pero el lastre es inmen­so. Lo demuestra que la izquierda es incapaz de portar nuestra bandera nacional fuera de un estadio de fút­bol. Así nuestras grandes fechas han caído en el total olvido.
Quien piense que es éste un fenó­meno generalizado en los tiempos modernos tiene un poco de razón. Pero sólo un poco. Comparé aquí los grandes actos del 300 levantamiento del sitio de Viena con la pobre cele­bración de un hecho de similar im­portancia para Europa como la bata­lla de las Navas de Tolosa.
Tomarse en serio la historia
Más allá de fechas redondas, las gran­des naciones del mundo cuidan con esmero sus fechas de recuerdo del pa­sado común y homenaje a los caídos. Como ejercicio y escuela de civilidad y patriotismo, a celebrar juntos por las generaciones. Y crear así ese vín­culo de solidaridad y pertenencia a través del tiempo, con los vivos y los muertos.
Ejemplar es el Remembrance Day en el Reino Unido, en el que la ama­pola (The Poppy) de los campos de Flandes recuerda a los millones de soldados británicos caídos desde la Primera Gran Guerra. En Estados Uni­dos son varios los días de luto y me­moria como ejercicio común. Desde los tradicionales a otros incorpora­dos a lo largo del tiempo como Thanksgiving, el 4 de Julio o el Día de Martín Luther.
Otro caso paradigmático es Polo­nia, un país que sufrió en el siglo XX como ninguno. Cuya característica nacional ha sido la cohesión y el co­raje. Polonia cultiva su pasado medie­val y renacentista con el mismo esme­ro que el recuerdo a sus mártires en las fosas de Katyn. Y en sus colegios se enseña el carácter ejemplar de sus héroes, desde su rey Sobieski que ven­ció a los turcos y jamás pidió perdón por ello, hasta Jan Karski, el héroe del Gobierno clandestino polaco durante la ocupación soviética y nazi.
Todos los países que se toman en serio su historia demuestran mayor fuerza y cohesión a la hora de afron­tar reveses y dificultades. España es en esto una triste excepción. Cuan-•do más falta nos hace, tenemos que reconocer que la insensata labor de destrucción de las pasadas décadas ha sido completa.
Ignoramos una historia, con sus luces y sombras, de una grandeza como pocas. Cargada de hazañas y lógica fuente de orgullo común. La hemos despreciado y olvidado. Y aho­ra no nos sirve como debiera para inspirar esa necesaria cohesión, el aguante, la determinación y el cora­je que tanto necesitamos.

domingo, 25 de marzo de 2012

Manifestación contra la UGT


Los sindicatos dicen que, es un derecho fundamental el de los ciudadanos para manifestarse… Como estamos totalmente de acuerdo, vamos a organizar una manifestación contra ellos… O todos en la cama, o todos en el suelo…
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MANIFESTACIÓN CONTRA UGT Y CCOO
QUE CORRA Y SE DIFUNDA. LES PODRÍA SALIR UN BUEN SABAÑÓN A MUCHOS...
Le facilitamos la convocatoria de una manifestación que estamos preparando en toda España contra los abusos de UGT y CCOO.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Nuestra amiga la muerte


Nuestra amiga la Muerte
Me encontraba estos días tomando el aperitivo con mis dos amigos Kiko y Juan, cuando me tocó asistir a una discusión interesante.
Juan estaba asombrado de que Kiko le dijera que, le habían llamado a comunicarle la muerte de su hermana y lo estaba celebrando.
- ¿Cómo se puede celebrar la muerte de un ser querido, -decía Juan asombrado- a menos que se sea un desalmado sin sentimientos ni entrañas?
- Es que los simples mortales, creéis que la muerte es algo terrible, como en las películas de miedo. Pero la realidad es, que es una parte de la vida, un proceso, como aprender a andar, a hablar, el crecimiento, la pubertad, la madurez, la vejez y luego la muerte, como una secuencia natural y absolutamente incontrolable. Lo que pasa es, que a algunos les llega la muerte en un momento inoportuno, o demasiado pronto en sus vidas, cuando todavía tenían mucho que hacer y mucho que dar a los otros y por tanto, la familia y los amigos lo llevan muy mal, porque sienten un vacío, una ausencia dolorosa. Pero en algunos casos, y es este precisamente el que estamos comentando, la muerte llega demasiado tarde, lo que produce un largo sufrimiento inútil, en la persona que va a morir y en todo su entorno. Por lo tanto, lo lógico y natural es, que cuando al fin llega, los que estamos más cercanos, nos alegremos. El protagonista, nunca sabremos si al fin se alegra o no.
- Pero eso es, -decía Juan- como promover la eutanasia. Si una persona está sufriendo y sabemos que de todas maneras se va a morir, aceleremos el final ¿No?
- Un momento. Eso es más complicado de lo que parece. En primer lugar, nadie sabe exactamente y con toda certeza, sin ninguna duda, que va a morir pronto, o cuándo. Casos se han dado de personas en coma durante meses o años y luego han despertado. En segundo lugar, hay que tener un temple especial para decidir eso, como hacía aquél médico de urgencias, donde se morían todos los pacientes mayores, aunque hubieran llegado con una dislocación de tobillo. Eso es igual o muy cercano al asesinato y no todos somos capaces de eso. Pero lo más importante es, preguntarle al interesado, porque la mayoría de las personas nos aferramos a la vida hasta el último minuto. En el caso de mi hermana, su cuerpo se fue degenerando atacado por múltiples enfermedades internas, en el riñón y otras varias que no es cuestión de enumerar, tenía temblor esencial y en el último mes, no podía caminar. No oía apenas y hablaba en forma ininteligible. Su masa muscular fue desapareciendo hasta quedar reducida a un esqueleto que pesaba menos de 30 kilos, y en la última semana no podía ni incorporarse en la cama. No obstante, nadie habló nunca de eutanasia ni se dejaron de hacer todas las cosas posibles por mantenerla con vida y lo menos incómoda posible, con dos enfermeras atendiéndola día y noche y médicos pendientes de ella hasta el final. Lo que no quita que, cuando al fin llegó la noticia de que había muerto, lo consideremos un descanso para ella y para todos nosotros.
- Esa es otra cuestión, terció Juan. ¿Se sabe con alguna certeza que es un descanso?, porque creo que hay versiones para todos los gustos. Hay una especie de leyenda urbana, de personas que dicen que han estado cercanas a la muerte pero han vuelto y cuentan aquello de una luz muy brillante, un ser espiritual y una gran paz… Pero por otra parte, hay muchas creencias de que las malas personas van a un infierno o algo parecido y lo pasan muy mal. Y en el caso más optimista, les quedaría pendiente una especie de juicio final, donde les pedirían cuentas de todo lo que han hecho durante su vida, bueno y malo.
- La realidad es, que nadie ha vuelto para contarnos lo que pasa después de la muerte, aunque hay mucha literatura al respecto, incluyendo la Divina Comedia de Dante que te explica todo muy detalladamente, pero eso son las creencias de la Iglesia Católica. Los que nos quedamos aquí, siempre decimos que nuestro pariente estará en el Cielo, como una cuestión de tranquilidad propia. Qué más quisiera yo, y muchos otros, que nos permitieran hacer un viaje turístico como el que describe Dante, para ver esos siete círculos que él describe con todo detalle. Los diversos castigos y hasta las recompensas de quienes se portaron bien. Por cierto, ¿Recordáis que Dante dice que hay un infierno de hielo, no solo de calderas y fuego perpetuo?
- Pero tienes también la teoría de la reencarnación que ya explicaban los griegos, terció Juan. Yo me divierto mucho con las amigas que hablan de amor platónico, sin saber lo que dicen y me gusta ver la cara que ponen cuando les explico que: Platón decía que cuando uno muere y ha sido un buen hombre, teniendo relaciones sexuales sólo con hombres, por ejemplo, reencarna en un ser superior, más sabio y más completo, pero si se ha portado mal, teniendo relaciones sexuales con mujeres, al morir reencarnará en un ser inferior, como un perro, una cabra… o una mujer.
- Vale, dijo Kiko un poco enfadado. Que estamos hablando de cosas serias. Esas frases de Platón, como todas las de épocas pasadas, hay que entenderlas en su contexto, y no tomarlas al pié de la letra con nuestra mentalidad actual. La verdad es, que podemos sintetizar que hay una teoría de la reencarnación, que habla de volver a nacer en un ser diferente, como los budistas y otros pueblos antiguos, y la teoría católica, que habla de reencarnar para la vida eterna…
Juan interrumpió diciendo: - Esa es otra cuestión. Porque hay un montón de teorías de si al morir podemos ver y oír lo que pasa en el lugar en que se abandona el cuerpo. Hay quien dice que puede verse toda la escena como desde arriba y ver el propio cuerpo y las personas que lo rodean, pero hay otros, que sólo hablan de oscuridad y el famoso final del túnel, con la luz muy brillante y todo lo demás que se repite una y otra vez. Pero como los que nos cuentan esto, volvieron inmediatamente, nos quedamos sin saber en realidad que hay al otro lado del túnel. Necesitamos que alguien haya pasado allí un mes más o menos y nos cuente todos los detalles, para saber si nos apuntamos a la excursión. Sería maravilloso, que nos encontráramos con la novia, u otro ser muy querido, como dice Dante, que nos condujera por los diversos ambientes, o encontrarnos con una reunión de sabios, para hablar con ellos directamente… Claro que también podríamos encontrarnos con la suegra, o esos amigos que eran insufribles en vida y supongo que seguirán siendo lo mismo...
- Menos cachondeo, decía Kiko. A esa excursión no puedes apuntarte o no. Cuando te llaman a filas, tienes que presentarte sin excusa ni pretexto alguno, como rezaba la citación para cumplir el servicio militar antiguamente. Alguien decía que, la muerte camina toda nuestra vida a nuestro lado y cuando le parece bien, te da un empujón con el hombro y… hasta ahí llegaste. Y parece que tampoco te dan opción de quedarte, volver o ir a otro “campamento” que te guste más, ni llamar por el móvil a los amigos a contarles cómo está el panorama. Recuerdo que Houdini estaba muy interesado en este tema y pagaba a cuanta pitonisa, vidente, adivinadora o como se llamen esas personas que dicen comunicarse con el más allá, pero siempre les descubrió los trucos, algunos muy ingeniosos, para que se movieran las mesas, se oyeran voces y toda la parafernalia acostumbrada. Al final, desencantado con los médiums, hizo un pacto con su hija, diciendo que si había forma de comunicarse, lo haría con ella. Creo que hasta el día de hoy, no hay noticias de que se haya comunicado por ningún medio…
- A mí, no me asusta la muerte –continuó Kiko- y de hecho, he firmado ya el compromiso de una Muerte Digna, para que no me alarguen la vida artificialmente y que dejen a la Naturaleza actuar, si me encuentro en un estado en que los médicos dictaminen que no hay recuperación posible. No quiero que me tengan meses o años enchufado a un montón de aparatos, con respiración artificial, oxígeno y todas esas cosas que dicen para mantener la vida. Eso ni es vida ni es nada. En cambio sí me repugna, o me atemoriza el dolor. Me parece hasta cruel, que a una persona le hagan una y otra operación que se sabe que no va a conducir a ningún lado… Dicen que Franco, en los últimos momentos, les dijo, con voz casi inaudible a los muchos médicos que le rodeaban: ¡Déjenme morir!...
- A ver si te va a pasar, -Continuó Juan con sus bromas- Como a ese individuo que le dijo a su madre que no le dejara estar dependiendo de un montón de aparatos enchufados a la corriente y de otro montón de líquidos. Así que su madre, inmediatamente le desenchufó el televisor, el ordenador, el celular, el Ipad y todos los chismes que tenía a su alrededor y le tiró por el fregadero todas las cervezas, el güisqui, la ginebra y demás…
- Es imposible mantener una conversación seria contigo. Siempre estás tomando el rábano por las hojas. La mayoría de los humanos tenemos miedo a la muerte y hasta a hablar de ella. Luego, cuando alguien cercano o simplemente conocido muere, ponernos cara de circunstancias y murmuramos frases idiotas como: No somos nada; Ya estará en el cielo; Lo siento mucho; te acompaño en el sentimiento. Y organizamos funerales, misas y un montón de ritos, además de hablar maravillas del muerto, aunque haya sido un desalmado delincuente.
Y seguía Juan en su línea: - Pero no olvides la parte lúdica de los funerales. Recuerda que la Plaza de Roma o Manuel Becerra, se llamó en un tiempo Plaza de la Alegría, porque dicen los viejos que estaba llena de tascas, y como toda la gente que venía a enterrar a alguien en el Cementerio del Este, llegaba hasta allí para despedirse, antes de tomar caminos distintos a sus respectivas casas, se reunían a tomar la última copa, que supongo sería a la salud del muerto, aunque a este la salud se le hubiera acabado ya definitivamente. Y al final, yo invito a esta ronda y yo a la otra, todo el mundo acababa cantando a coro y la suma de coros, más o menos destemplados, hacía que la tal plaza pareciera una fiesta todo el año.
- Bueno, fuera de bromas, yo creo que lo de los funerales es algo absolutamente irracional. Una costumbre que se va conservando a lo largo de los tiempos, pero llena de hipocresía y fuera de todo sentido común. Se dice que se organiza una misa o funeral, a veces con discursitos y todo, para pedirle a Dios por el alma del muerto, o de los muchos muertos, porque también se hacen funerales colectivos, pero esa gente que dice interceder ante Dios, no piensa ni lo que está diciendo ni en la incongruencia de todo ese paripé. Si partimos de la creencia generalizada de que Dios es absolutamente sabio y absolutamente justo, tendremos que llegar a la conclusión de que todas las acciones buenas y malas del o de los difuntos, las sabe perfectamente y si es absolutamente justo, les aplicará a cada uno el castigo o recompensa que se hayan ganado, sin que nosotros, por mucho que hablemos, gritemos, lloremos o recemos, podremos torcer ni un ápice la voluntad divina.
- Pero ten en cuenta que, también cuando hay una sentencia de los jueces terrícolas, hay gentes que se manifiestan ante el tribunal y piden a gritos que se cambie la sentencia, o se acuerdan de las madres de todos los jueces que en el mundo han sido, porque la sentencia no les gusta, sea porque han declarado inocente al imputado o porque le han condenado a poco…
- Exactamente eso es lo que digo, -interrumpió Kiko-, pretender que unos jueces cambien una sentencia organizando un tumulto, es una falta de respeto a los jueces y a todo el sistema judicial. Podríamos hasta admitir, en gracia de discusión, que los jueces humanos sean corruptos, estúpidos, malvados o ignorantes, pero hacer lo mismo con Dios, es por lo menos una blasfemia.
- No te olvides de la parte económica de todo el tinglado, -remachó Juan- Detrás de un funeral hay un montaje de una iglesia que cobra por los servicios, unos comercios que venden flores, unas imprentas que hacen recordatorios y una larga lista de gente que vive de los muertos. Empezando por las funerarias que te venden ataúdes como si fueran joyas de Nefertiti, además de otros servicios como sepulturas, perpetuas o temporales, incineración, si es que lo has elegido, etc. ¿Tú crees que cuando llevas a una persona a incinerar y unos empleados se llevan el ataúd con el muerto y cierran una cortina, ¿Van a quemar ese ataúd que vale un dineral?. Y luego, cuando te entregan una urna que vale otro dineral con unas cenizas dentro. ¿Crees que esas cenizas son de verdad de tu deudo?
- Pues la verdad es que no lo sé ni me importa mucho, decía Kiko. Lo que habíamos empezado a hablar es, que la muerte no es nada tan terrible como acostumbramos a pensar y que si hay vida después de la vida, como piensan muchos, sería muy interesante saber qué pasa. Hay quien dice que te encuentras con tus seres queridos, y otros dicen que las almas no reconocen ni a su madre. Que todas las otras son absolutamente desconocidas, ya que al no tener todavía el cuerpo que se supone que se reencarnará en el momento del juicio final, no hay forma de reconocerlas. He leído estos días un concepto interesante: Dice que al igual que una mariposa que ha sido una oruga más o menos fea, sale con cierto trabajo del capullo, despliega sus alas y se convierte en una preciosa mariposa. Así, la muerte sería un trance un tanto doloroso, pero necesario para convertirse en otra cosa mucho mejor de lo que somos ahora…
- De todas maneras –intervino Juan- Parece que hay estadísticas de gente que ha querido suicidarse y por uno u otro motivo no ha muerto y nadie o casi nadie ha repetido el intento. Es otra de las cosas que sería interesante averiguar: ¿Qué piensa una persona que, por ejemplo, se tira desde un edificio u otra gran altura, mientras está cayendo? Algunos se salvan porque caen en algo blando… o casi, como el que se tiró del viaducto y cayó en la cesta de pan de un panadero que la llevaba en la cabeza. El suicida no se mató, pero al panadero sí. Lo que creo que nunca se ha sabido es, lo que pensaba el suicida mientras caía.
En ese momento intervine en la conversación de los dos diciendo: Yo tuve una experiencia curiosa en mi adolescencia, que me ha hecho pensar mucho en si a veces no nos aferramos a algo de forma instintiva, como podría ser nuestro cuerpo carnal, para luego darnos cuenta de que no valía la pena: Estuve de vacaciones con mi hermana pequeña en Asturias, en una casa agrícola de unos amigos de mi familia paterna. Para nosotros, dos adolescentes citadinos, todo era maravilloso. Yo colaboraba llevando “les vaques” que dicen allí a pastar a un prado especial, donde tenía que cuidar de que no fueran a querer comerse una manzana, porque las vacas no pueden partirla y se ahogan. Colaboraba recolectando maíz, cortando las cañas con una foceta, o recogiendo castañas con una especie de pinzas hechas artesanalmente de madera, ya que el fruto de la castaña tiene unas púas muy puntiagudas. Mi tía amasaba pan de trigo y borona de maíz y lo cocía en un horno de leña que había fuera de la casa. En fin, un mundo absolutamente nuevo y deslumbrante. Tanto que cuando era la hora de volver a Madrid, le pusimos un telegrama a nuestro padre, pidiéndole permiso para quedarnos otros quince días… Pero, como no hay fecha que no se cumpla, llegó indefectiblemente el nuevo día del regreso, con gran tristeza para nosotros, (Que podría equivaler a la muerte, guardadas las proporciones).
Una vez en Madrid, reincorporados a la vida normal de nuestra edad y volviendo a encontrarse con los amigos y la actividad acostumbrada de la ciudad, recuerdo perfectamente haberme quedado pensando en algún momento y con gran extrañeza preguntarme a mí mismo: ¿Qué hacía yo allí? Es decir, me parecía inaudito el estar engolfado en aquella vida campesina, cuando mi sitio y el lugar en que yo me encontraba verdaderamente a gusto era en la ciudad.
A lo mejor, cuando uno muere se hace esa misma pregunta, extrañado del apego que tenemos a la vida terrenal, cuando nuestro sitio es ese al que se va después. Y quizá por eso es que nadie se acuerda de contarnos lo que hay allí a los que nos quedamos…
Bueno, pensemos que eso es así, para consolarnos, porque al fin y al cabo nos va a dar igual que nos guste o no. ¡A nadie le han dado a elegir, nunca! Remachó Juan.
Enrique Gutiérrez y Simón
Marzo 2012